La movilización ciudadana contra la invasión ilegal de Irak ha sido enorme y ha demostrado tener una fuerza como nunca se había visto anteriormente, de tal manera que se la ha calificado de "nueva superpotencia mundial".
La opinión pública ha demostrado claramente que no quiere la Guerra, que quiere la Paz en el mundo y que desea un sistema basado en la legalidad internacional bajo el marco de Naciones Unidas.
Los ciudadanos también han dejado muy claro que sí les importa y preocupa lo que sus gobiernos deciden hacer en su nombre.
La fuerza de la opinión pública se ha reflejado en la incapacidad de Estados Unidos y el Reino Unido de lograr el apoyo de las Naciones Unidas y de su Consejo de Seguridad a su guerra contra Irak.
Esta movilización de la opinión pública internacional hará crecer a la sociedad civil global y contribuirá a reforzar las instituciones multilaterales hasta un punto en el que la "guerra preventiva", como la iniciada en Irak por Estados Unidos y el Reino Unido, será deslegitimizada y no se permitirá que vuelva a tener lugar.
Además de producir un grave daño al orden mundial internacional, la guerra ha producido la muerte de miles de civiles y herido y mutilado a muchos miles más. También ha provocado que la comunidad internacional haya distraído su atención dejando en un plano secundario otros asuntos extremadamente urgentes, como es por ejemplo la hambruna que se cierne sobre 40 millones de habitantes del África Subsahariana.
El gran perdedor ha sido, sin duda, el sistema de legalidad internacional basado en el multilateralismo. La coalición invasora anglo-británica, con el apoyo del Gobierno español, lanzó su ataque militar basándose en una interpretación errónea e interesada de las resoluciones del Consejo de Seguridad sobre armas de destrucción masiva, argumentando que estaban autorizados a ejercer acciones militares para evitar que Sadam Husein dispusiera de este tipo de armas. El tan repetido objetivo de conseguir un cambio de régimen no estaba ni siquiera incluido en los análisis legales de la coalición invasora porque no hay base legal o legítima para provocar cambios de regímenes por medio de la fuerza, no importa cuán odiosos sean éstos.
La Carta de Naciones Unidas se puso en marcha después de la Segunda Guerra Mundial precisamente para proscribir este tipo de guerras. Ahora que esta prohibición ha sido aparcada peligrosa y unilateralmente por Estados Unidos y sus aliados en esta guerra, la base para mantener la paz y la seguridad internacional ha sido completamente minada y erosionada.
Hay preocupación real en estos momentos con respecto a Siria, Irán y Corea del Norte así como sobre la forma en que la comunidad internacional manejará las futuras crisis. La toma de posturas basadas en el unilateralismo también socava los esfuerzos en el desarme nuclear y en todas las demás áreas que dependen del multilateralismo: leyes internacionales y humanitarias, tratados internacionales sobre medio ambiente, acuerdos sobre comercio internacional e instituciones financieras internacionales y sus acuerdos.