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Desde numerosos colectivos e instituciones se ha advertido reiteradamente que al final de la guerra se podría producir un grave desastre humanitario. La guerra es un desastre humanitario en sí misma, todas las guerras lo son, y es una responsabilidad inmediata de la coalición invasora impedir que la situación vaya a peor.

Ciertamente una nueva Administración es necesaria para mantener la ley y el orden en Irak y para proteger a los civiles, a los periodistas y a los trabajadores de los cuerpos de ayuda humanitaria, entre otros.

Es responsabilidad de la coalición invasora como fuerza ocupante asegurar el suministro de comida, agua y medicinas a la población bajo la 4ª Convención de Ginebra (artículo 55) así como restaurar y asegurar, tanto como sea posible, el orden público y la seguridad (Regulaciones de La Haya, artículo 43).

El quebrantamiento de la ley y el orden amenaza la capacidad y operatividad de las agencias de ayuda humanitaria para proporcionar alimentos y asistencia médica y humanitaria, y amenaza con provocar una grave crisis humanitaria que las fuerzas ocupantes tienen la responsabilidad de evitar. Los hospitales están luchando para poder hacer frente a las numerosas víctimas civiles.

El 28 de marzo de 2006, de forma unánime, el Consejo de Seguridad reinstauró el programa Petróleo por Alimentos. Esta resolución exige a todas las partes involucradas acatar de forma estricta sus obligaciones bajo la ley internacional, en particular, las Convenciones de Ginebra y las Regulaciones de La Haya, incluyendo aquellas relativas a las necesidades civiles esenciales de la población iraquí, tanto dentro como fuera de Irak.