Si no se restablece la ley y el orden, la situación actual puede conducir a una guerra civil en el sur de Kurdistán, llevar al desorden total, a la aparición de "Señores de la Guerra" tribales, al ajuste de cuentas con los miembros del partido Baaz... Impedir esto exigirá unas fuerzas de seguridad armadas, y esto es responsabilidad de las potencias ocupantes.
Sin embargo, tan pronto como sea posible, las fuerzas ocupantes deberán ser reemplazadas por una Administración bajo el mando de Naciones Unidas.
La mejor opción es, desde nuestro punto de vista, que una operación de cascos azules de Naciones Unidas, compuesta mayoritariamente por fuerzas regionales, asuma el control en unas pocas semanas, con un mandato de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas y con una Administración bajo el mando de Naciones Unidas. Es un mecanismo común que los poderes regionales sean requeridos para tal tarea bajo Naciones Unidas (por ejemplo en Timor, Africa Oriental). Nuestra posición es que las acciones humanitarias deberían realizarse bajo la autoridad de esa misión de paz de Naciones Unidas.
Cualquiera que sea la administración que se establezca en Irak, ésta DEBE tener un mandato claro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Hay una larga serie de resoluciones del Consejo de Seguridad sobre Irak, desde la primera en 1990 hasta la última resolución unánime del 28 de marzo de 2003 sobre la continuidad del programa "Petróleo por Alimentos". Por lo tanto, la autoridad de la ONU debe restablecerse. Esto debe suceder en cualquier caso, ya que sólo la ONU tiene competencias para levantar las sanciones actuales y para permitir a Irak la exportación de petróleo, además del que forma parte del programa "Petróleo por Alimentos".
No se puede tratar de obviar el papel de Naciones Unidas en este tema: el control del petróleo iraquí debe hacerse bajo el contexto más amplio de respeto a la soberanía iraquí, a la ayuda humanitaria, al multilateralismo y a las leyes internacionales. Y debe establecerse un programa y un calendario de eliminación total de armas de destrucción masiva, y por parte de todos los que las posean.
EEUU está ya sibilinamente intentando conseguir que el Consejo de Seguridad favorezca sus intereses, pero esto tendrá que hacerse en el marco de unas negociaciones en las que se tendrán que tener en cuenta las consideraciones de todos los miembros del Consejo de Seguridad. El Consejo de Seguridad no debe por ningún motivo legitimizar la agresión que ha tenido lugar. El Consejo de Seguridad es la única institución que puede proporcionar legitimidad a los acuerdos logrados para la situación de post-conflicto. Así lo han asegurado el Secretario General de la ONU y los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Sin embargo, Estados Unidos se está moviendo en la dirección opuesta, aunque no lo haya reconocido públicamente.