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Se aseguró que el reactor iba a ser construido en un tiempo récord de cuatro años (el tiempo medio de construcción de los reactores nucleares terminados entre 1995 y 2000 fue de casi 10 años) y con un coste de 2.500 millones de euros, y que no se necesitaría recurrir a apoyos estatales ni a subsidios de ningún tipo. La industria hablaba entonces del “renacimiento nuclear”.
La construcción del reactor empezó en 2005 y, tan sólo dos años más tarde, en 2007, la propia empresa AREVA anunciaba oficialmente que su terminación se retrasaría hasta 2011, dos años con respecto a lo previsto, por lo que tendrá que pagar 2.200 millones de € de penalización. Es más, en octubre de 2008, Areva y la compañía eléctrica finlandesa TVO, cliente de la primera, reconocieron retrasos adicionales y anunciaron un nuevo calendario que establece ahora la terminación del reactor en 2012. Ya se reconoce, de forma oficial, un sobrecoste de 1.500 millones de € sobre lo inicialmente presupuestado. Pero informaciones recientes reconocen que si Olkiluoto-3 estuviese terminada para 2012, que es la fecha oficial que ahora maneja Areva, le habrá costado a ésta más de 5.200 millones de €.
A pesar de las declaraciones previas de la industria nuclear de que el reactor no requeriría apoyos financieros estatales, los bancos públicos de Suiza y Francia han tenido ya que realizar fuertes préstamos para su construcción. Y, por si fuera poco, lo que agrava aún más la situación es que se han detectado más de 2.000 defectos de diseño y desviaciones de calidad en el reactor, que genera grandes preocupaciones sobre su seguridad.
En Europa, aparte de Finlandia, sólo Francia está construyendo actualmente un reactor, otro EPR, en estado aún incipiente pero ya con un gran número de problemas de seguridad y sobrecostes, como ha reconocido Pierre Gadoneix, presidente de Electricité de France.
Por otro lado, Alemania y Suecia tienen programas activos de abandono de la energía nuclear. Otros 12 países no apostaron por la nuclear en su mix energético o la abandonaron hace tiempo (como Italia o Austria). Lituania, Rumania, Eslovaquia y Bulgaria tienen planeado construir alguna instalación; Gordon Brown, en el Reino Unido, y Berlusconi, en Italia, han anunciado recientemente su simpatía por esta energía. Los demás países mantienen una moratoria o han anunciado la intención de cerrar su parque nuclear, como es el caso de España.
Podría decirse que la energía nuclear es una industria relativamente pequeña con grandes problemas. Esta energía aporta sólo el 6,25% del consumo mundial de energía primaria, un porcentaje que viene decreciendo desde hace años y que con toda probabilidad seguirá disminuyendo en las próximas décadas.