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Otra falsedad es que, para disminuir la dependencia energética española del extranjero, España tiene que apostar por la energía nuclear, ya que el uranio es un recurso “autóctono”.

Según el informe Sostenibilidad en España 2007 del Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE) la dependencia energética del extranjero de España es del 80,2%. Esto se debe a la supeditación a los combustibles fósiles como petróleo y gas natural y la casi nula producción propia de estos combustibles.

Y respecto al uranio la dependencia es total: España importa el 100% del uranio que se emplea como combustible en sus centrales nucleares.  La inestabilidad política de algunos países suministradores es notoria, como es el caso de Níger, entre otros.

En España se dejó de producir uranio en el año 2000, cuando se cerró la única explotación minera que se mantenía abierta, la de Saelices el Chico, en Salamanca. El grado de autoabastecimiento no llegaba al 30%. La falta de rentabilidad de la explotación, debido al elevado coste de la producción de uranio nacional, condujo al abandono de esa minería en España.

También se depende totalmente de países extranjeros en otras fases básicas del ciclo nuclear, como es el enriquecimiento del uranio, ya que las centrales nucleares españolas funcionan con combustible de uranio enriquecido. La situación es idéntica en otros aspectos tecnológicos: los diseños de los reactores, que provienen de EEUU en su mayoría, salvo Trillo, de tecnología alemana, o Vandellós-1, que era francés, o las patentes para la fabricación de los elementos combustibles (todas extranjeras), etc.

Las únicas fuentes de energía totalmente autóctonas son las renovables, y éstas pueden satisfacer el 100% de la demanda de energía.