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Los países en vías de desarrollo y los industrializados rechazaron en las negociaciones del Protocolo de Kioto la inclusión de la energía nuclear en el MDL. Este acuerdo cerró las puertas a la energía nuclear en los países en desarrollo como mínimo para la próxima década.
En los países pobres un problema añadido es que las centrales nucleares son demasiado grandes e incompatibles con el sistema de red eléctrica que necesitan, puesto que no cuentan con las redes eléctricas de alta tensión necesarias para centrales eléctricas de gran capacidad. Este tipo de redes de transmisión son costosas y de poco uso en países con una baja población. En países densamente poblados con economías emergentes, los largos tiempos de construcción que requiere la energía nuclear hacen que no pueda desarrollarse a la misma velocidad que la demanda creciente.
Una combinación diversa y descentralizada de energías renovables resulta mucho más efectiva y limpia para cumplir antes con las diferentes necesidades energéticas.
Las centrales nucleares construidas en países en desarrollo hacen crecer de manera importante la deuda pública. En Filipinas, la central Bataan, que nunca ha sido puesta en funcionamiento, fue durante los últimos veinte años el mayor contribuidor a la deuda externa. Sólo en 2008 se ha realizado el pago final, casi 32 años después del inicio de su construcción. Y veinte años después de comenzar su construcción, el reactor Atucha II en Argentina está aún sin terminar, tras haber generado una deuda externa de más de mil millones de dólares.
Un tercio de la población del planeta, unos dos mil millones de personas, no tiene acceso a servicios de energía básicos. Para ellos, la energía nuclear es demasiado grande, demasiado costosa y completamente incompatible con sus redes eléctricas.