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Foca californiana nadando en 'Los Islotes', isla Espíritu Santo (La 
Paz/México).

Foca californiana nadando en 'Los Islotes', isla Espíritu Santo (La Paz/México).

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Cada vez más datos científicos apoyan lo que Greenpeace viene afirmando desde hace tiempo y es que el establecimiento de una red de reservas marinas a escala global no sólo es urgente para proteger la biodiversidad marina, sino que podría ser clave para invertir la actual crisis pesquera.

Actualmente menos del 1% de los mares y océanos se encuentran protegidos, pese a que los científicos recomiendan proteger del 30 al 50% de la superficie marina.

Greenpeace propone la creación de una red global de reservas marinas que protegería el 40% de la superficie marina

 

 

 

 

Las reservas marinas son zonas en las que no se permite ningún uso extractivo, ni pesquero ni minero, ni tampoco el vertido de aguas residuales. En el interior de estas áreas protegidas puede haber zonas integrales donde no estén permitidas las actividades humanas, como por ejemplo zonas que actúan como referencia para estudios científicos o zonas en las que existan especies o hábitats especialmente sensibles.

En la zona costera, algunas zonas pueden estar abiertas a la actividad pesquera artesanal y no destructiva, siempre que sean sostenibles, dentro de unos límites ecológicos, y que la decisión haya sido tomada con la participación de las comunidades locales afectadas. 

Las reservas marinas no son sólo una herramienta para combatir la sobrepesca, aunque la conservación de los stocks pesqueros sea uno de los principales objetivos. Con mayor frecuencia son vistas como una herramienta esencial para proteger el medio marino. 

Entre sus múltiples beneficios podemos enumerar:

  • Conservación y protección con un enfoque ecosistémico, es decir, que no sólo se protegen especies en concreto sino hábitats enteros, en los que viven otras muchas especies, así como las interacciones y funciones ecológicas del ecosistema.
  • Las pesquerías se benefician al recuperarse las poblaciones de peces. El aumento de juveniles dentro de las áreas protegidas también ayuda a la recuperación de los stocks pesqueros en las zonas circundantes.
  • La especies migratorias, como tiiburones y atunes,  también se benefician al protegerse zonas especialmente sensibles como zonas de reproducción y cría o zonas de agregación.
  • Constituyen una fuente única de datos a largo plazo, esenciales para la elaboración de futuras políticas de conservación y gestión.