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Greenpeace protesta por la matanza de focas permitida por el Gobierno 
canadiense rociándolas de pintura inofensiva para hacer inservible su 
piel.

Greenpeace protesta por la matanza de focas permitida por el Gobierno canadiense rociándolas de pintura inofensiva para hacer inservible su piel.

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La caza de focas ha estado siempre asociada a la industria peletera. El gran movimiento de protesta que surgió en los años 60 contra las crueles matanzas de crías recién nacidas de foca cristalizó en Estados Unidos en 1972 con la prohibición de la importación de productos derivados de focas.

En marzo de 1982, Stanley Johnson presentaba una moción en el Parlamento Europeo para el establecimiento de una prohibición de importación de productos de foca. Ésta fue adoptada el 28 de marzo de 1983 en forma de directiva europea. La Directiva 83/129/CEE imponía un veto de dos años a la importación de pieles de crías de Foca de Groenlandia y Foca Crestada (con la excepción de las resultantes de la tradicional caza llevada a cabo por el pueblo Inuit). La prohibición fue prorrogada de forma indefinida por la Comisión Europea en 1989.

Como resultado de estas prohibiciones, la demanda de pieles de foca en todo el mundo disminuyó en un 75%, lo que motivó que las cuotas de caza dadas por los gobiernos disminuyesen igualmente. Sin embargo, la demanda de los mercados asiáticos sustituyó pronto al mercado europeo, por lo que el Gobierno de Canadá comenzó a incrementar de forma desorbitada la cifra de capturas, pasando de 19.000 en 1985 a 60.000 en 1995.

El número siguió aumentando, y en 1996 se autorizó la caza de 240.000, pasando a 270.000 en 1997. La última cifra dada por el Gobierno canadiense es la peor de los últimos 50 años: 975.000 para el periodo 2003-2005, de las cuales 319.000 serán cazadas este año.