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Venta de Bacalao en el mercado de Lowestoft. Los grandes especímenes 
de esta especie han desaparecido debido a la sobrepesca

Venta de Bacalao en el mercado de Lowestoft. Los grandes especímenes de esta especie han desaparecido debido a la sobrepesca

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Dado que muchas especies de pinnípedos incluyen el pescado en su dieta, se ha asumido erróneamente que entran en conflicto con la industria pesquera.

Tradicionalmente, el sector pesquero y algunos gobiernos han acusado a las focas de comer "demasiado pescado", y han utilizado esta excusa para justificar la caza de focas, que deben ser matadas para proteger el sustento de los pescadores.

Este argumento ignora la extraordinaria complejidad del ecosistema marino. La suposición de que poblaciones abundantes de peces y focas no pueden coexistir carece de base lógica o histórica. Tan sólo hace falta recordar que antes de la devastación mundial de los bancos pesqueros había muchas más focas y mucho más pescado. Las focas son también víctimas de la devastadora eficiencia de la moderna industria pesquera. Al culpar a las focas de la disminución de los recursos marinos, la industria pesquera y los gobiernos evitan enfrentarse a los problemas de pesca excesiva y a una mala gestión de las pesquerías.

Otra creencia generalizada es que las focas, debido a que viven en aguas frías, comen enormes cantidades de pescado para conseguir la suficiente energía para mantener su temperatura corporal. Sin embargo, estudios científicos muestran que las tasas de consumo de los mamíferos marinos son bastante bajas, situándose entre un 1 y un 3% de su masa corporal.

Las teorías que predican que las focas comen "demasiado pescado" dan por sentado que la gran mayoría del pescado ingerido por estos animales pasaría a manos de la industria pesquera si desaparecieran las focas. Sin embargo, no existe ninguna evidencia científica de que la disminución de cualquier población de focas se traduzca en un aumento de la producción pesquera. Los pocos ejemplos parecidos que existen muestran la extrema complejidad de los ecosistemas marinos y lo imprecedible de los resultados de eliminar una pieza de su cadena trófica.

Otro argumento erróneo muy extendido supone que las focas se alimentan de especies como el salmón o el bacalao exclusivamente. En realidad los pinnípedos son predadores oportunistas que se alimentan de cualquier presa que se ponga a su alcance, consumiendo una gran variedad de peces e invertebrados, muchos de los cuales carecen de importancia comercial. Existen muchas dificultades para determinar la dieta exacta de las focas. La información que existe es escasa e incorrecta en muchos casos, ya que hay que tener en cuenta numerosos factores antes de poder afirmar qué forma parte del menú de una foca, entre los que se encuentran la edad y el sexo de las focas, el contenido energético de los alimentos consumidos o que se producen largos periodos de ayuno durante las épocas de cría y muda.

El colapso experimentado por las poblaciones de bacalao a principio de los años 90 no puede atribuirse a las focas, sino a una variedad de factores externos tales como las anormalmente bajas temperaturas del agua que habrían incrementado la mortalidad natural y habrían forzado el desplazamiento de las poblaciones hacia el sur.

Análisis posteriores han añadido otros factores posibles como causas del colapso: las elevadas cuotas de pesca derivadas de estimaciones optimistas y datos inexactos sobre la actividad pesquera; la declaración de capturas inferiores a las reales, que habrían provocado una gestión incorrecta de las poblaciones; las prácticas destructivas pesqueras o la falta de control sobre la expansión de la pesca. Todos estos factores han convertido al colapso de la pesquería del bacalao en el ejemplo más claro de malas prácticas de gestión pesquera llevado a cabo bajo jurisdicción canadiense. Pero no es el único, ya que el caso de la pesquería de salmón en la costa oeste de Canadá es muy similar.

La falta de recuperación de la población de bacalao ha coincidido en el tiempo con la recuperación de las poblaciones de Foca de Groenlandia. Este hecho ha sido utilizado políticamente por el Gobierno de Canadá que, por ejemplo, ha gastado 6 millones de dólares en evaluar el impacto de las focas en los bancos de peces, la partida económica más elevada de la investigación científica realizada dentro del plan de ayudas a los afectados por el cierre de las pesquerías de bacalao.

Cualquier predicción sobre si la reducción de la población de focas de Groenlandia beneficiaría a los bancos de bacalao es complicada de realizar debido a que la dieta de las focas varía dependiendo de su ubicación (no comen lo mismo cuando están en la costa que cuando están en alta mar) y de la temporada, y que, por tanto, no puede calcularse de forma sencilla el consumo que las focas realizan de esta especie. Además, la complejidad de las relaciones predador-presa es muy grande, baste conocer que las focas se alimentan en ocasiones de bacalao, pero también de otras especies de peces que predan sobre los bacalaos.

Se suele utilizar como argumento a favor de la caza masiva de focas la teoría de que éstas esquilmaron las poblaciones de bacalao del Atlántico norte y ahora impiden su regeneración. Para refutar esta argumentación basta con leer el informe de la ONU Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, de marzo de 2005. Aquí exponemos un extracto del informe en el que habla de la pesquería de bacalao. Como podemos observar, en ningún momento se hace referencia alguna a las focas y la única razón que se da del colapso es la sobrepesca:

Colapso de las poblaciones de bacalao atlántico en la costa oriental de Terranova
El colapso obligó al cierre de la pesquería después de cientos de años de explotación. Hacia fines de la década de 1950, la pesquería fue explotada por flotas itinerantes que operaban estacionalmente y por pescadores a pequeña escala residentes en el área. A partir de finales de esa década, se comenzó a explotar la parte más profunda de la reserva mediante la pesca de arrastre de profundidad, lo que llevó a un gran aumento de las capturas y a una fuerte merma de la biomasa de base. Las cuotas acordadas a nivel internacional a comienzo de la década de 1970 y, después de que Canadá declarara una Zona Exclusiva de Pesca en 1977, los sistemas nacionales de cuotas, no fueron capaces de detener y revertir el agotamiento. Las poblaciones llegaron a un nivel extremadamente bajo hacia fines de la década de 1980 y principios de los años 90, y en junio de 1992 se declaró una moratoria de la pesca comercial. En 1998 se reintrodujo una pequeña pesca costera, pero el ritmo de las capturas declinó y la pesquería se cerró indefinidamente en 2003.


FUENTE: Evaluación de los Ecosistemas del Milenio. ONU. Marzo 2005.