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Langostinos. Tan pequeños y deliciosos y, por increible que parezca 
cuánto daño pueden causar

Langostinos, tan pequeños y cuanto daño pueden causar

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Durante los últimos quince años, la acuicultura de langostino tropical se ha extendido rápidamente para cubrir las demandas de Japón, EE.UU. y, cada vez más, la UE. Esta industria, que aprovecha las condiciones que reúnen los humedales costeros tropicales para criar langostino, ha convertido en "piscinas" millones de hectáreas de hábitats fundamentales para las economías locales y para la biodiversidad.

En la mayoría de los casos, el cultivo de langostinos requiere la destrucción de humedales, en muchas ocasiones bosques de manglar, para la construcción de grandes piscinas. Los manglares, el equivalente a las selvas húmedas en las costas tropicales, ofrecen refugio a una variedad increíble de vida animal y vegetal, proporcionan medios de vida a las comunidades locales que pescan y recolectan moluscos en ellos, y defienden la costa de la erosión y las tormentas.

Es un hecho ampliamente reconocido que, globalmente, la mayor amenaza a los manglares es el cultivo de langostinos. La destrucción de las áreas de manglar implica para las poblaciones costeras la pérdida de acceso a una de sus escasas fuentes de ingresos: la pesca y el marisqueo.

Echando la vista atrás podemos darnos cuenta de que en el pasado los langostinos se consumían de forma mucho más esporádica. Sin embargo, lo que antes era un producto de lujo consumido sólo en determinadas épocas del año se está convirtiendo, cada vez más, en un producto de consumo diario.

Mientras, los consumidores de la Unión Europea, Estados Unidos y Japón no son conscientes de la destrucción que se esconde tras uno de sus platos favoritos. El precio de los langostinos disminuye para los consumidores en estos países, pero el precio que pagan las personas y el medio ambiente en los países productores continúa aumentando.

Las actividades de cultivo de langostinos en las costas tropicales de buena parte del planeta ponen sobre la mesa cuestiones básicas de JUSTICIA AMBIENTAL. Los consumidores del Norte tienen a su disposición un amplio abanico de fuentes de proteínas animales. En el caso de los países costeros pobres los productos pesqueros han constituido tradicionalmente una fuente insustituible y barata de proteínas para las poblaciones locales.

Como consumidores deberíamos reflexionar sobre el tipo de sistema de producción de alimentos del que estamos participando. Un sistema que generaliza en el Sur la producción orientada a la exportación, que fomenta la destrucción de las bases sobre las que se asienta la producción para el autoconsumo en estos países, y que da gran importancia a productos que son para nosotros totalmente prescindibles y que sin embargo son causa de un enorme impacto ambiental y de un gran sufrimiento a miles de familias que han vivido tradicionalmente de la explotación de los recursos marinos.

La huella, no sólo ecológica sino también social y económica, del consumo de este manjar va mucho más allá de lo que ven nuestros ojos.

Los langostinos que encontramos en nuestros mercados puede haber sido producidos de dos formas diferentes. A nivel mundial, unos 2/3 de la producción se capturan en el mar, mientras que el otro tercio proviene de su cultivo.

Los langostinos fruto de la actividad pesquera que llegan a nuestros mercados han sido pescados mediante redes de arrastre, una de las artes de pesca con mayor impacto sobre el ecosistema, que a cambio captura grandes volúmenes de producto.

La acuicultura del langostino ha sido desarrollada mayoritariamente sobre áreas de manglar en países pobres y con el empleo de una gran cantidad de ínsumos externos, en forma de larvas proveninetes del medio marino, de una amplia gama de productos químicos, de piensos para alimentar a los langostinos y de grandes volúmenes de agua limpia que es devuelta a los estuarios con altas concentraciones de materia orgánica y productos químicos.