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Acción de Greenpeace con las comunidades locales de Ecuador rompiendo 
un dique de una camaronera ilegal para devolver la vida al manglar

Acción de Greenpeace con las comunidades locales de Ecuador rompiendo un dique de una camaronera ilegal para devolver la vida al manglar

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La producción de langostinos de criadero ha crecido notablemente en los últimos años en las zonas tropicales, debido principalmente a la sobrepesca y al aumento en la demanda de este producto. En muchos países de Latinoamérica, la actividad ha generado pingües beneficios a los promotores, que se han aprovechado de las condiciones, tanto ambientales como políticas, para desarrollar esta industria sin planificación alguna.

Las camaroneras se han instalado en zonas costeras, ocupando -con sus grandes piscinas- salinas, esteros y áreas de manglar -que han desforestado previamente-, desplazando a la población local e impidiendo su acceso a los recursos naturales de los que siempre han dependido. Para la obtención del langostino tropical se emplean grandes cantidades de nutrientes y productos químicos (antibióticos, insecticidas…) que contaminan el medio, y se utilizan ingentes cantidades de agua, agotándose los recursos hídricos de estas zonas por sobreexplotación y salinización.

La rentabilidad que la industria camaronera obtiene de la cría del langostino tropical en los países latinoamericanos se basa en los bajos costos de inversión, las subvenciones y apoyo de gobiernos y entidades internacionales, y a que no refleja realmente sus costes ambientales y sociales.

Costos de inversión: son mínimos. El acceso a las zonas de manglar y a sus recursos naturales es gratuito, a costa de talar manglar y desplazar a las poblaciones locales.

Subvenciones y ayudas: Desde 1988 hasta 1995, las principales fuentes de financiación externa de la acuicultura fueron los Bancos de Desarrollo, que aportaron un 69% de la financiación y un 40% de los proyectos. El Banco Mundial y la FAO han participado activamente en estas ayudas. La expansión de la acuicultura de langostino en países como Honduras, Costa Rica, Guatemala, Panamá y Belize ha sido financiada por inversores privados y por agencias nacionales e internacionales, incluyendo la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID), la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional, y la Comisión Europea.

Políticas arancelarias: En Diciembre de 1990, la Unión Europea adoptó un esquema especial de apoyo a los países andinos que luchan contra el cultivo de coca y buscanalternativas productivas, que les permitía exportar ciertos productos (el langostino tropical entre ellos) con arancel cero. La UE revisó esta política de estímulos en 1994, a fin de ir eliminando este sistema de preferencias. Por ejemplo, estableció un arancel del 4,5% para el langostino ecuatoriano, y para el 96 se pretendía para este producto un arancel del 15%. Las presiones de gobiernos y empresarios han logrado prórrogas al sistema de preferencia hasta 1999.

España es el primer importador de langostinos congelados (y camarones, gambas y quisquillas) de la UE. La importación española de este grupo de crustáceos en 1996 fue de más de 62.000 toneladas, el 34,7% de las importaciones totales de la UE. Más de un 50% procede de países donde se cultivan langostinos: un 24% procede Ecuador, 7,8% de Colombia, 3,7% de Panamá, 3,3% de Honduras y 2,9% de Nicaragua.

La actividad acuícola, en las condiciones expuestas, es insostenible, mientras sea ambientalmente negativa y socialmente injusta. Los productores deben acogerse a sistemas de producción no destructivos. Los exportadores e importadores, los distribuidores y las cadenas de alimentación son clave para conseguir los productos obtenidos sosteniblemente.

El mercado y los consumidores españoles tiene una gran responsabilidad en estos momentos: la de no comprar ni consumir langostinos tropicales producto de la destrucción de los manglares de Latinoamérica y de los derechos de las comunidades que vivían de ellos.


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