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Vista aérea de un bosque de manglar destruido delante de un bosque de manglar intacto
Ampliar imagenLa demanda de langostino tropical en el mundo industrializado está estimulando el incremento de los esfuerzos pesqueros de estas especies, y está fomentando la expansión de la acuicultura intensiva. El langostino tropical es un ejemplo de cómo el consumo de lujo en el norte genera en el Sur productos orientados a la exportación, con una visión de corto plazo, que conlleva serias consecuencias sociales y ambientales. Japón, Estados Unidos, y Europa (con España a la cabeza) son los tres mayores importadores de langostino tropical del mundo.
La acuicultura de langostino se ha expandido rápidamente desde la década de los ochenta, y actualmente cubre vastas áreas de las zonas costeras de Asia y América Latina. Esta industria también se ha establecido rápidamente en costas de Africa oriental. La producción de langostino de acuicultura excede hoy el millón de toneladas.
El langostino tropical que llega a nuestros mercados puede proceder de pesquerías en aguas lejanas o de la acuicultura en áreas costeras de la franja tropical y ecuatorial. Ninguno de estos modos de obtención es sostenible. La pesca de arrastre arrasa los fondos marinos provocando daños en arrecifes de coral y especies bentónicas, y captura accidentalmente gran cantidad de especies, incluyendo especies en peligro de extinción. Cada año, las pesquerías de langostino esquilman unos 10 millones de toneladas de otras especies no objetivo. Muchas de ellas son fundamentales para la seguridad alimentaria de las comunidades locales de regiones enteras. El problema no es sólo la pérdida de recursos desde el punto de vista del consumo humano, sino la contribución, a escala global, al incremento de los problemas de la sobrepesca.
Por otro lado, la industria que cría langostino en piscinas de acuicultura destruye los bosques de manglar y las tierras agrícolas productivas circundantes. Más de un millón de hectáreas de zonas costeras ricas y frágiles han caído bajo los bulldozers de los camaroneros. Hoy en día, la mitad de los manglares del mundo han desaparecido, principalmente a causa de su tala para la construcción de piscinas de cría de langostino tropical, lo que ha creado serios problemas ecológicos y de supervivencia para las comunidades locales.
Los manglares generan una gran cantidad de servicios ecológicos vitales como áreas de reproducción de especies marinas tropicales, como protectores naturales de las costas frente a inundaciones, fuertes vientos y huracanes; o por el mantenimiento de la calidad de las aguas. Pero, una vez se establecen las piscinas de cría de langostino, estos servicios y productos desaparecen: las tierras circundantes y las aguas de los estuarios se salinizan y contaminan con productos químicos, fertilizantes y antibióticos; los recursos se ven mermados por la destrucción física del manglar, y por la pesca de larvas de langostino (que se destinarán a la acuicultura) con malla fina que captura inmaduros de otras especies destruyendo las pesquerías locales; a las comunidades locales se les impide el acceso a las áreas comunes y a la fachada costera a través de las zonas privatizadas ilegalmente, y estas comunidades quedan a la merced de los efectos, más virulentos sin la protección de los bosques de manglar, de los huracanes y tifones.