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Desagües de una granja de acuicultura llenos de residuos químicos.

Desagües de una granja de acuicultura llenos de residuos quimicos

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Greenpeace está trabajando desde hace años en una campaña para la defensa de los manglares del mundo, y de los derechos de los usuarios de estos ecosistemas, cuya supervivencia está amenazada por la expansión de la acuicultura del langostino tropical. Para esta organización, uno de los aspectos más importantes de la acuicultura de langostino tropical es la utilización de gran cantidad de productos fitosanitarios de esta industria, y los riesgos asociados para la salud humana y el medio ambiente.

En la mayoría de los países donde se producen langostinos no existen regulaciones que controlen el uso de medicamentos y otros compuestos químicos en la producción animal, ni estándares de calidad para la eliminación de efluentes al medio. Por otro lado, algunos vendedores de productos químicos y farmacéuticossin escrúpulos, se aprovechan de la ignorancia y del miedo a perder las cosechas de los productores en estos países, para recomendarles el uso productos de dudosa efectividad y en cantidades excesivas, como solución a los graves problemas que les afectan. Como consecuencia, una gran variedad de productos han sido utilizados indiscriminadamente para controlar enfermedades, corregir los desequilibrios de la calidad del agua y suelos de los estanques, y para erradicar portadores de enfermedades virales de los langostinos.

Algunos de los compuestos que se utilizan comúnmente en los estanques como fertilizantes, cal y zeolitos (en Asia) no son tóxicos, pero muchos de los compuestos utilizados para prevenir o controlar problemas zoosanitaros pueden ser peligrosos para el medio ambiente y/o la salud humana.

Antibacterianos

En las granjas de langostinos, especialmente en hatcheries y en sistemas intensivos y semi-intensivos de producción, se han utilizado de forma indiscriminada antibióticos y otros agentes anti-infecciosos. En la mayoría de los casos, los antibióticos se han usado profilácticamente (para prevenir enfermedades) en lugar de terapéuticamente (para tratar un problema diagnosticado). Por ejemplo, el uso profiláctico de furazolidona con cambio a cloranfenicol cuando se desarrollaba resistencia bacteriana, era una práctica común en hatcheries de Ecuador. El uso de furazolidona (y otros nitrofuranos) y cloranfenicol en animales de producción está prohibido en la UE debido a efectos cancerígenos y genotóxicos de la primera , y por los posibles efectos secundarios adversos del cloranfenicol (depresión de la médula ósea irreversible, no relacionada con la dosis, que puede dar lugar a anemia aplásica).

Uno de los principales riesgos para la salud humana del consumo de alimentos con residuos de antibióticos incluye la selección de bacterias resistentes en la flora intestinal. Hay que destacar que algunos de los antibióticos que han sido ampliamente utilizados en las granjas de langostinos (p.ej. Cloranfenicol y Tetraciclinas) son recetados como último recurso para tratar serias enfermedades humanas (como Tifus o cólera) para evitar el desarrollo de resistencias. El retraso en la aprobación del uso de algunos antibióticos utilizados en la medicina humana, para la acuicultura es debido en gran parte a la preocupación de la comunidad médica por mantener la eficacia de estos antibióticos, reservando su uso para el tratamiento de humanos .

En langostinos congelados procedentes de Asia y Latinoamérica se han detectado residuos de antibióticos como oxitetraciclinas y ácido oxolínico. La presencia de residuos de antibióticos en langostinos importados ya ha originando problemas de comercio entre Tailandia y Japón.

En las granjas de acuicultura los antibióticos son administrados directamente en el agua en las hatcheries o a través de piensos medicados. En condiciones experimentales, el porcentaje de oxitetraciclina que se pierde de los piensos granulados de langostinos en agua salada, a 28ºC y PH de 7,5, puede ser hasta de un 50%, en 4 horas 14. Considerando las temperaturas que se dan en los trópicos, que los langostinos enfermos presentan síntomas de anorexia y que pueden sentirse menos atraídos por un alimento medicado, el porcentaje de antibiótico que se pierde en los estanques puede ser muy importante. La vida media de algunos antibióticos, como la oxitetraciclina, en sedimentos de granjas de salmónidos pude variar de 9 días hasta casi 14 meses dependiendo de las corrientes de agua y de otros factores ambientales.

Los riesgos medioambientales originados por el uso continuado de antibióticos, su presencia en agua, en restos de alimentos y sedimentos, incluyen: el aumento de resistencia en patógenos obligados y oportunistas en el medio acuático, lo que podría alterar el equilibrio del ecosistema e incluso poner en riesgo la salud humana; la destrucción no selectiva de las comunidades microbianas en los sedimentos acuáticos (que degradan materia orgánica y reciclan nutrientes), lo que podría reducir el índice de degradación de la materia orgánica y afectar adversamente a la calidad del agua estuarina; la incorporación de los antibióticos presentes en los excrementos o restos de alimentos medicados por la fauna silvestre y en especial moluscos (fuente de recursos importantes de las poblaciones locales).

El uso de muchos de los compuestos enumerados está ampliamente desaconsejado para prevenir enfermedades y problemas del agua, por su cuestionable eficacia, sus posibles efectos en la salud pública y medioambiental y por los costes prohibitivos que supone el utilizarlos sin garantías de efectividad y seguridad. El uso de compuestos tóxicos y bioacumulativos debe ser prohibido. La Unión Europea, además, debe realizar un control exhaustivo de este tipo de productos, para asegurar que para su obtención no se han producido daños para el medio ambiente y la salud de las comunidades costeras, y que su consumo no será peligroso.

Otros medicamentos, productos químicos y plaguicidas

Otros compuestos utilizados en la acuicultura de langostinos para prevenir y/o controlar enfermedades y plagas también pueden ser peligrosos para el medio ambiente o la salud humana:

Trifuralin (fungicida utilizado en hatcheries), a pesar de que se degrada muy rápidamente, puede actuar como disruptor endocrino en peces.

Formalina (múltiples usos), es tóxica para ciertas especies acuáticas a altas concentraciones o tras períodos de exposición largos, puede dañar el zooplancton y fitoplancton. Por cada 5 ppm de formalina se consume 1 ppm de oxígeno. Su degradación es relativamente rápida.

Sulfato de cobre, (alguicida/antiparasitario), puede acumularse en los sedimentos si se aplica continuamente. Es muy tóxico en peces si la alcalinidad del agua es baja (50 mg/L).

Verde malaquita (fungicida utilizado en hatcheries) es considerado cancerígeno, sus residuos son acumulativos y los tiempos de residencia son extremadamente largos en salmónidos, por lo que su uso no está permitido en la UE.

Hipoclorito de calcio/sodio (desinfectantes; lejías), son muy tóxicos para la vida acuática (han de ser neutralizados antes de eliminarse al medio). Su uso en plantas de tratamiento en aguas ricas en materiales orgánicos produce una mezcla de compuestos organoclorados que incluyen substancias mutagénicas y cancerígenas.

Insecticidas utilizados para eliminar crustáceos portadores de virus como: carbaril (Sevin®) y el organofosforado (Malathion®), a pesar de que su degradación es relativamente rápida, pueden actuar como disruptores endocrinos en aves y peces. La eliminación de organofosforados activos al medio ambiente puede afectar gravemente a otras especies acuáticas y en especial a crustáceos, afectando la cadena trófica y por lo tanto alterando el equilibrio del ecosistema.