31 de julio de 2005
Hoy hemos tenido una mañana sin niebla, muy luminosa y soleada. A las 10.30 hemos tenido la suerte de ver una ballena franca, una de las especies más amenazadas del mundo y de la que quedan tan solo unos cientos de ejemplares vivos. Durante la mañana también hemos visto varios grupos de delfines y de calderones.
Nunca me había parado a pensar en el impacto de la pesca de arrastre de
profundidad sobre los mamímefos marinos, pero tras leer la
documentación de la campaña, creo que ya es hora de hacerlo. Además del
resto de impactos provocados por los humanos, los cetáceos deben
enfrentarse también a la reducción de sus fuentes de alimento derivado
de la mala gestión de las pesquerías de profundidad.
Los cachalotes, por ejemplo, comen pez reloj anaranjado, una de las
especies de profundidad más pescada. Los narvales y las focas de casco
se alimentan de fletán, la mayor pesquería del Atlántico Noroeste,
donde nos encontramos. No son sólo trozos de coral o extrañas criaturas
de las profundidades las que se ven afectadas por este destructivo
método de pesca.
Tengo dudas sobre si esto ayudará a cambiar la respuesta de los
gobiernos sobre la petición de una moratoria sobre la pesca de arrastre
de profundidad en algunos países como Islandia o Japón, que utilizan la
dieta de las ballenas como una excusa para cazarlas. Sin embargo,
espero que convenza a unas cuantas personas para ciberactuar contra la
pesca de arrastre de profundidad. Así demostraremos a los gobiernos
cuanta gente está preocupada por la salud de los océanos y todos sus
habitantes.
-Lisa.