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Caza de ballenas en Islandia

Caza de ballenas en Islandia

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En 1946, catorce países firmaban la Convención Internacional para la Regulación de la Caza Ballenera y establecían la Comisión Ballenera Internacional (CBI), que desde 1949 se reúne anualmente. El propósito de la Comisión es “proveer la conservación adecuada para las poblaciones de ballenas y, de esta manera, hacer posible el desarrollo ordenado de la industria ballenera”.

A pesar de que la CBI surgió para frenar el declive de las poblaciones de ballenas que se estaban cazando sin control alguno, las primeras limitaciones a la caza tardan 20 años en llegar. Así, en 1965 se prohíbe la caza de ballenas azules en la Antártida y en 1966 se recomienda la prohibición de cazar rorcuales comunes en esta misma zona del planeta. Cegados por los beneficios económicos obtenidos por la caza, en 1972 los miembros de la CBI rechazan una propuesta de la ONU para establecer una moratoria de diez años sobre la caza comercial de ballenas.


En 1974 Greenpeace comienza una campaña llamada “Proyecto Ahab” para denunciar el peligro de extinción de las grandes ballenas a causa de su sobreexplotación y conseguir que la CBI prohíba su caza. La primera acción en alta mar a bordo del Phyllis Cormack se realiza en 1975 contra la flota soviética. Desde entonces, las imágenes de las lanchas neumáticas de Greenpeace interponiéndose entre los arpones y las ballenas no han cesado.


Una moratoria con excepciones
El 24 de julio de 1982 la CBI aprueba la histórica decisión de establecer una moratoria de cinco años para la caza comercial de ballenas que deberá entrar en vigor en 1986. Ese año, comienza la moratoria, pero Japón, Noruega, Rusia, Islandia y Corea del Sur continúan con la caza.


En 1987 Japón comienza su falso “programa científico” de caza de ballenas en la Antártida con 273  rorcuales aliblancos como objetivo. A día de hoy Japón sigue con este programa, que sigue persiguiendo rorcuales aliblancos (935) y se ha extendido también a rorcuales comunes (50), en peligro de extinción, y las yubartas (50), cuyas poblaciones están consideradas como “vulnerables” y, por tanto, también amenazadas.


En 1991 la CBI decide prorrogar la moratoria sobre la caza comercial durante un año más y en 1992 la prohibición se establece con carácter indefinido. Mientras tanto Japón establece una estrategia de aportar ayudas económicas a pequeños países caribeños para que ingresen en la CBI y voten las tesis japonesas. Dominica y la isla de Granada son los primeros en aceptar los sobornos japoneses, que se han extendido a muchos más países a día de hoy.


Por su parte, Noruega se dedica al contrabando de carne de ballena que trata de exportar a Corea del Sur o Japón como “gambas noruegas” o “caballa congelada”.


Tampoco los Santuarios detienen la caza
En 1994 la CBI aprueba la creación del Santuario Ballenero en la Antártida. A la vez, el Gobierno ruso hace públicas las falsificaciones realizadas por su país durante años ocultando el número real de ballenas cazadas. No son los únicos, ese mismo año el capitán del ballenero noruego Dag Senior es condenado a dos años de cárcel al demostrar que habían cazado más ballenas de las auto-asignadas por su gobierno. Es la primera condena en toda la historia de la caza ballenera.


En 1996 la flota japonesa extiende sus actividades por primera vez hasta el área VI de la Antártida, violando el recién creado Santuario Ballenero Antártico.


A partir de 1999 Japón intensifica su programa para que más países ingresen en la CBI. En 2005, de los 60 miembros de la CBI, 21 han sido reclutados por Japón, que todavía no tiene la mayoría de tres cuartas parte de los votos que necesita, pero se acerca peligrosamente.


En 2006 Islandia decide unilateralmente reanudar la caza de ballenas y captura 6 rorcuales comunes.