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Residuos electrónicos en Guangdong, China. Más de 4.000 toneladas de 
residuos electrónicos tóxicos son desechados cada hora. Grandes 
cantidades de estos residuos son exportados con frecuencia, y muchas 
veces ilegalmente, de Europa, EE UU y Japón a países dónde las leyes 
para proteger a los trabajadores y al medio ambiente son inadecuadas o 
no se cumplen.

Residuos electrónicos en Guangdong, China. Más de 4.000 toneladas de residuos electrónicos tóxicos son desechados cada hora. Grandes cantidades de estos residuos son exportados con frecuencia, y muchas veces ilegalmente, de Europa, EE UU y Japón a países dónde las leyes para proteger a los trabajadores y al medio ambiente son inadecuadas o no se cumplen.

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Muchos de los viejos aparatos electrónicos acumulan polvo en almacenes a la espera de ser reutilizados, reciclados o, sencillamente, tirados. La Agencia de Protección Ambiental (EPA, en inglés) de los EE.UU. estima que más de tres cuartas partes de los ordenadores vendidos en los EE.UU están almacenados en trasteros y armarios. Cuando los tiren, terminarán en los vertederos o en las incineradoras o, más recientemente, exportados a Asia y otros países en vías de desarrollo.

Vertederos: según la EPA de los EE.UU., en 2000 más de 4,6 millones de toneladas de residuos electrónicos han acabado en los vertederos de EE.UU. Las sustancias químicas tóxicas presentes en los aparatos electrónicos con el tiempo pueden ser lixiviadas a la tierra o liberadas a la atmósfera, provocando impactos graves tanto en el medio ambiente como en las comunidades vecinas. En muchos países europeos se han adoptado legislaciones para prevenir que los residuos electrónicos acaben en los vertederos debido a la peligrosidad inherente. Sin embargo, esta práctica sigue siendo común en muchos otros países. En Hong Kong, por ejemplo, se estima que entre el 10 y el 20% de los ordenadores desechados terminan sus días en los vertederos.

Incineradoras: éstas liberan al aire y en las cenizas metales pesados tales como el plomo, cadmio y mercurio. El mercurio liberado a la atmósfera se puede bioacumular en la cadena alimentaria, en especial en el pescado (la vía de exposición más importante para las personas en general). Si los productos contienen el plástico PVC también se liberan dioxinas y furanos, compuestos químicos muy tóxicos. Los retardantes de llama bromados dan lugar a dioxinas y furanos bromados cuando se incineran los residuos electrónicos.
 
Reutilización: es una de las mejores formas para aumentar la vida útil de los productos. Muchos de los productos viejos son exportados para países en vías de desarrollo. Aunque los beneficios de reutilizar los aparatos electrónicos de esta forma son evidentes, esta práctica está a provocar problemas graves pues éstos viejos aparatos, después de un corto período, son tirados en “vertederos” que no tienen las condiciones adecuadas y necesarias para gestionar residuos peligrosos.

Reciclaje: aunque el reciclaje puede ser una buena forma de reutilizar los materiales de un producto, las sustancias químicas peligrosas presentes en los residuos electrónicos pueden dañar la salud de quienes trabajan directamente con los residuos, tal como a las comunidades vecinas y al medio ambiente.

En los países desarrollados, el reciclaje de los aparatos electrónicos tiene lugar en plantas específicas para el reciclado de éstos productos bajo estrictas condiciones. En muchos estados de EE.UU., por ejemplo, los plásticos presentes en los residuos electrónicos no son reciclados para evitar la liberación de dioxinas y furanos bromados a la atmósfera. Sin embargo, en los países en vías de desarrollo no existe este tipo de control. El reciclaje es efectuado manualmente en parques de chatarra sin las mínimas condiciones, normalmente y lamentablemente por niños y niñas.

Exportación: los residuos electrónicos son exportados con frecuencia de los países desarrollados a los países en vías de desarrollo, muchas veces violando leyes internacionales. Se concluyó, después de efectuar inspecciones en 18 puertos europeos durante 2005, que el 47% de los residuos destinados a la exportación, incluyendo los electrónicos, era ilegal. Solamente en Reino Unido 23.000 toneladas métricas de residuos electrónicos, no declaradas o provenientes del mercado negro, fueron enviadas al Extremo Oriente, a países africanos, a India y China. Se estima que entre el 50 y el 80% de los residuos electrónicos recogidos para reciclar en EE.UU. acaban siendo exportados de esta forma. En EE.UU. esta práctica es legal puesto que no ha firmado el Convenio de Basilea.

China, en 2000, intentó prevenir este tipo de comercio prohibiendo la importación de residuos electrónicos. Sin embargo, hemos descubierto que estas leyes no están funcionado. Los residuos electrónicos siguen llegando a Guiya en la provincia de Guangdong, el principal basurero de productos electrónicos de China.

En India, también encontramos que el problema de los residuos electrónicos está creciendo. Solo en Deli existen 25.000 trabajadores en los vertederos donde se manipulan cada año entre 10.000 y 20.000 toneladas. Los ordenadores representan el 25% de estos residuos. Se han encontrado otros basureros de residuos electrónicos en las ciudades de Meerut, Ferozabad, Chennai, Bangalore y Mumbai.

¿Cómo ha evolucionado el comercio?

En los años 90 los gobiernos europeos, Japón y algunos estados de los EE.UU. han puesto en marcha los sistemas de “reciclaje” de residuos electrónicos.

Sin embargo, muchos países no consiguieron gestionar la cantidad ingente de residuos electrónicos generados ni su inherente peligrosidad.

Como consecuencia, empezaron a exportar el problema a los países en vías de desarrollo dónde las leyes para proteger a los trabajadores y al medio ambiente son inadecuadas o no se cumplen. también es mucho más barato “reciclar” los residuos electrónicos en éstos países. Por ejemplo, el coste de reciclado de vidrio a vidrio de los monitores de ordenador en los EE.UU. es diez veces más caro que en China.

La demanda de residuos electrónicos empezó a crecer en Asia cuando en los vertederos se dieron cuenta que podían extraer materiales valiosos (cobre, hierro, silicio, níquel y oro) durante el proceso de reciclaje. Un teléfono móvil, por ejemplo, es 19% cobre y 8% hierro.