Greenpeace recogió, en varias casas y oficinas de Europa, muestras de polvo doméstico que después se analizaron. Todos los resultados del estudio, realizado en nueve países (Países Bajos, Francia, Reino Unido, España, Italia, Dinamarca, Suecia, Bélgica y Eslovaquia), mostraron que productos domésticos cotidianos tejidos, televisores, cosméticos y juguetes, entre otros liberan cantidades importantes de ciertas sustancias químicas nocivas. Éstas se usan, por ejemplo, como aromatizantes, retardantes de llama o plastificantes. Estos hallazgos sugieren que estamos expuestos diariamente, en nuestras propias casas y oficinas, a un cóctel de sustancias químicas perjudiciales para la salud humana.
En España, Greenpeace recogió muestras de polvo en 25 casas (que se han
seleccionado entre las cerca de 400 ofertas de colaboración recibidas)
que fueron enviadas a laboratorios independientes para su análisis. A
través de estos análisis se buscó la presencia de determinadas
sustancias químicas, que son consideradas muy peligrosas por sus
efectos potenciales a largo plazo en la salud y en el medio ambiente.
Se sabe que las sustancias químicas están fuera de control. Todas las
personas llevamos en nuestro cuerpo hasta 300 sustancias químicas que
nuestros bisabuelos no llevaban en los suyos. Muchas de estas
sustancias no provienen de las chimeneas de las fábricas sino que
entran en nuestras casas a través de productos de consumo diario como
detergentes, aparatos eléctricos, muebles, champú, maquillaje e incluso
en la ropa y que acaban finalmente en el polvo de nuestras casas.
La Unión Europea está desarrollando una nueva legislación cuya
finalidad es proteger a las personas de este descontrol de la industria
química. La legislación comunitaria está en este momento en discusión y
se ha establecido un debate sobre ella y sobre el impacto de las
sustancias químicas sobre la salud humana y el medio ambiente. La razón
de este debate es que la industria química se opone a más controles.