Activistas de Greenpeace estiran una petición que contiene un millón de firmas alrededor de la oficina central de la Comisión Europea en Bruselas, pidiendo el etiquetado de leche, carne, huevos y demás productos derivados de animales que han sido alimentados con organismos modificados genéticamente (OMG).
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El maíz, la soja o sus derivados industriales están presentes en más del 60 por ciento de los alimentos transformados, desde el chocolate hasta las patatas fritas, pasando por la margarina y los platos preparados.
Los únicos transgénicos que están permitidos en la Unión Europea para consumo humano son, precisamente, la soja y el maíz.
El 18 de abril de 2004 entraron en vigor los nuevos reglamentos de etiquetado y trazabilidad de alimentos y piensos modificados genéticamente; en virtud de estas normas, deben ser etiquetados los productos que deriven de cosechas transgénicas, independientemente de la presencia de ADN o de proteína "transgénica" en el producto final (con la mención "modificado genéticamente" o "producido a partir de -nombre del ingrediente- modificado genéticamente").
Deben ser etiquetados todos los:
- ingredientes de productos alimentarios que contengan más de un 0,9% de transgénicos;
- los aditivos o los aromas de productos alimentarios que contengan más de un 0,9% de transgénicos;
- piensos animales que contengan más de 0,9% de transgénicos.
Sin embargo, existe un grave vacío legal: no es obligatorio etiquetar los productos alimentarios (carne, leche, huevos, etc.) que proceden de animales alimentados con OMG. De este modo, y pese al rechazo de la gran mayoría de los consumidores europeos, los OMG siguen produciéndose a gran escala a nivel mundial y importados, mayoritariamente, para la alimentación animal.