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Desde abril de 2004, existe una nueva ley europea que obliga a etiquetar los productos que deriven de cosechas transgénicas, independientemente de la presencia de ADN o de proteína ‘transgénica’ en el producto final (Reglamentos sobre trazabilidad y etiquetado de alimentos y piensos modificados genéticamente). Así, cualquier alimento que contenga OMG o derivados debe declararlo en su etiqueta (en realidad, debe figurara en aquellos alimentos que contengan por encima del 0,9 de materia prima transgénica en un ingrediente determinado: por ejemplo, si el 0,9% -o más- del almidón de maíz de una pizza proviene de maíz transgénico, deberá etiquetarse).

Esto también se verifica para los piensos compuestos. Se trata de un primer paso fundamental para que podamos ejercer nuestro derecho a elegir alimentos sin transgénicos. Sin embargo, es necesario seguir trabajando, ya que esta normativa no obliga a etiquetar los productos derivados de animales alimentados con transgénicos, como la carne, la leche o los huevos, principal destino de los transgénicos en Europa.