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Es un derecho de propiedad sobre plantas, animales y material genético de seres humanos. Quien ostenta el título de una biopatente tiene el derecho de cobrar royalties cada vez que alguien la comercialice o la utilice. Greenpeace se opone a las biopatentes porque la vida no es un bien industrial. Los países del Norte quieren imponer las biopatentes a los países del sur, lo que afectará especialmente a los pequeños agricultores.


Por ejemplo: ¡Monsanto tiene una patente que cubre toda la soja transgénica, cualquiera que sea la tecnología que se utilice y el fin para el que se use!


Los transgénicos han dado el pretexto de artificialidad necesario para considerar a los seres vivos objetos creados por el hombre y por tanto patentables.