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Vista nocturna de la ciudad de Huelva con el polo químico al fondo.

Vista nocturna de la ciudad de Huelva con el polo químico al fondo.

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Las estadísticas oficiales intentan ocultar el daño real producido por la fabricación y uso de sustancias químicas y no tiene en cuenta su impacto sobre el medio ambiente y la salud pública. Los primeros efectos se detectan siempre en la fauna. En Huesca, por ejemplo, se documentó la mayor prevalencia de patologías hepáticas en peces expuestos a los vertidos de una planta cloro-álcali y en Doñana se detectó cómo la exposición a sustancias organocloradas dificulta la reproducción del águila imperial.

El empleo y manipulación de estas sustancias supone un riesgo evidente tanto para las personas que trabajan con ellas como para el resto de la población, expuesta a la contaminación ambiental que producen. De hecho, los contaminantes acaban en nuestros alimentos. Diversos estudios han observado que en España, por ejemplo, muchas muestras de carne, pescado, huevos, leche, mantequilla, queso o cereales contienen residuos de sustancias organocloradas.

Esta contaminación es fruto de la mala gestión de los residuos procedentes de las plantas de origen de estos productos químicos.

Según el Ministerio de Medio Ambiente, la contaminación atmosférica provoca en España, 16.000 muertes prematuras al año. Esto significa 10 veces más que la mortalidad que producen anualmente los accidentes de tráfico.

Mortalidad por cáncer
La reciente difusión del Atlas municipal de mortalidad por cáncer en España 1989-1998, publicado por el Instituto de Salud Carlos III y editado por el Centro Nacional de Epidemiología (CNE), ha confirmado la conclusión epidemiológica, ya conocida por la comunidad científica y por las autoridades políticas y sanitarias, de que la distribución de mortalidad en España por cáncer y otras enfermedades no es homogénea. Este informe viene a sumarse al Atlas de mortalidad en áreas pequeñas en España (1987-1995) de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Según estos estudios, Asturias y País Vasco lideran los casos de cáncer de pancreas. Hasta un 12% de los casos se pueden deber a la exposición en el trabajo a contaminantes como disolventes orgánicos, compuestos de níquel, pesticidas o a hidrocarburos. El cáncer de encéfalo y el mieloma se dan principalmente en País Vasco y Cataluña; los de boca y faringe predominan en el suroeste, Asturias y Euskadi, y el de esófago en el Cantábrico y Cádiz. Estos datos confirman que las zonas industriales disparan los tumores.

Cabe destacar, tras el estudio de ambos documentos, que en Andalucía las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz son las zonas en las que los indicadores globales de mortalidad revelan la probable existencia de un problema de salud pública. Problema que las Administraciones no están teniendo suficientemente en cuenta y ante el que no pueden permanecer impasibles.

En esas tres provincias vive casi el 8% de la población española y acumulan la tercera parte de las zonas con mayor riesgo de mortalidad. En esas áreas de alto riesgo se aprecia entre las causas de muerte más frecuentes enfermedades tan diferentes como el cáncer de pulmón, la diabetes o la enfermedad isquémica. En el caso de Cádiz y Huelva se trata de emplazamientos con una concentración importante de industria pesada (química, petroquímica, centrales térmicas...). Estos datos quedan también de manifiesto en las estadísticas del Ministerio de Salud y Consumo del año 2006 sobre la mortalidad por cáncer en España (ver cuadro adjunto). Andalucía (fundamentalmente por Cádiz y Huelva) supera la media española y la europea en mortalidad por cáncer.

Enfermedades laborales
El 25,4% de los trabajadores españoles (3.976.558 personas) están expuestos a sustancias cancerígenas, no sólo en el sector químico sino en empresas usuarias de productos químicos. Se estima que, en España, 4.000 trabajadores mueren anualmente por la exposición a sustancias químicas, más de 36.000 enferman y este tipo de sustancias producen más de 18.000 accidentes laborales cada año. Según un estudio del Instituto Sindical de Trabajo Ambiente y Salud (ISTAS), el riesgo químico es mayor en trabajadores no cualificados y operarios de planta, ya que son el personal más expuesto a estos contaminantes, aunque también destacan los casos de trabajadores de empresas de trabajo temporal.