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La contaminación radiactiva tiene graves efectos para la salud humana y para el medio ambiente como, por ejemplo, tasas elevadas de cáncer, mutaciones genéticas e inmunodeficiencia.

Radiación alfa: este tipo de radiación solo viaja distancia cortas, por eso las partículas alpha son especialmente peligrosas cuando son inhaladas o ingeridas. No puede penetrar la piel de un ser humano o un trozo de papel.

Radiación beta: las partículas beta son capaces de penetrar la piel humana, por eso son peligrosas cuando entran en contacto directo con la piel.

Radiación gamma: tiene la capacidad de viajar distancias relativamente largas. Es el tipo de radiación más penetrante, similar a los rayos X de alta frecuencia, lo que supone una longitud de atenuación de 16 centímetros en el agua y de 1,5 centímetros en el plomo.

Uranio 238: el uranio 238 y sus subproductos son emisores radiactivos del tipo alfa y beta, ambos cancerígenos que pueden dañar las células de pulmones, huesos, hígado, próstata, intestino y cerebro, causando tumores malignos en estos órganos, tal y como expone un informe de 1999 sobre la salud de los obreros de la industria transformadora de uranio, auditado por el Departamento de Energía de los Estados Unidos de América.

Tras la inhalación, el uranio 238 se solubiliza y se transfiere de los pulmones a otros órganos, incluyendo el hígado, tejido adiposo y músculos. Con el tiempo, se puede excretar a través de los riñones donde, al tratarse de un metal pesado, induce al desarrollo de nefritis (enfermedad crónica). Estudios realizados a veteranos de la Guerra del Golfo indican que están excretando uranio 238 por la orina y el semen. Se estima que casi 300.000 veteranos estadounidenses han sufrido inhalación de uranio empobrecido.

El uranio 238 tiene una vida media de 4.500 millones de años y en su proceso de degradación pasa por gran parte de los otros radionucleidos existentes.

Radio 226: el radio 226 es un residuo radiactivo especialmente peligroso. El radio 226 tiene una vida media de 1.602 años y es un emisor radiactivo de partículas alfa y rayos gamma. Se puede acumular en la cadena alimentaria y daña los huesos en los seres humanos. El radio 226 también se degrada en radón 222, un gas radiactivo que tiene la capacidad de viajar centenas de kilómetros desde el origen hasta que se degrada en partículas radiactivas sólidas de polonio, bismuto y plomo.