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Las principales amenazas a las que se enfrenta el Mar Mediterráneo son la sobrepesca, las técnicas de pesca destructivas, el exceso de urbanismo en la franja litoral, la contaminación y el cambio climático.

Atún muerto en el Mediterráneo. Greenpeace/ Roger Grace

Atún muerto en el Mediterráneo. Greenpeace/ Roger Grace

Por tratarse de un mar casi cerrado, con un periodo de renovación de sus aguas muy prolongado y con una enorme cantidad de especies endémicas, el Mediterráneo es especialmente sensible a los impactos negativos que sufre.

Sobreexplotación pesquera
Las capturas totales, tanto en el mar Mediterráneo como en el mar Negro, han alcanzado en estos años una cifra total aproximada de 1.500.000 toneladas. Esto significa más del doble de las 700.000 toneladas capturadas en 1950, pero muy por debajo de la cifra máxima de 2 millones de toneladas alcanzada entre 1982 y 1988. Las especies de mayor importancia comercial en el Mediterráneo son: el atún rojo, el atún blanco, la merluza, el pez espada, la aguja, el salmonete y el besugo. Los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), sugieren que en el mar Mediterráneo y en el mar Negro juntos, alrededor del 20% de los recursos se encuentran agotados, el 15% sobreexplotados y el 50% plenamente explotados. 

Contaminación
La contaminación procedente de tierra que sufre el Mediterráneo no se limita al ámbito costero, sino que la insuficiente depuración hace que muchos ríos lleven al mar residuos originados a cientos de kilómetros del mar. Esta contaminación proviene de la industria, la agricultura y los centros urbanos y estas fuentes de contaminación están consideradas como problemas medioambientales graves en la gran mayoría de los países de la región. El intercambio limitado de agua hace que el Mediterráneo sea muy sensible a la acumulación progresiva de contaminantes. La cuenca mediterránea se está convirtiendo justificadamente en una de las cuencas semicerradas más contaminadas del planeta. 

Masificación litoral
El acelerado desarrollo de la industria turística ha jugado un papel muy importante en la degradación del medio ambiente marino y costero. La construcción de infraestructuras asociadas han sido estimulados por los gobiernos de los países Mediterráneos para dar servicio a la gran cantidad de turistas que visitan la región cada año. Esto ha producido graves problemas de erosión en muchos lugares. La gran estacionalidad del turismo en el Mediterráneo implica que la mayoría de los visitantes están presentes sólo durante los meses de verano, lo que ocasiona grandes cantidades de desechos sólidos y aguas residuales que no pueden ser debidamente tratados debido a la infraestructura inadecuada de los pequeños pueblos y aldeas costeras, cuyos servicios públicos fueron originalmente construidos para atender únicamente a una población pequeña y permanente. El turismo a menudo se concentra en áreas de gran riqueza natural, produciendo serias amenazas a hábitats naturales de especies en peligro de extinción del Mediterráneo tales como las tortugas marinas y la foca monje. 

Otros impactos
Uno de los principales factores que afectan y, sobre todo, afectarán al Mediterráneo es el cambio climático. El impacto del cambio climático puede ser el aumento tanto de la temperatura como de la salinidad en todo el mar Mediterráneo, con variaciones entre las regiones. El bajo rango mareal, de alrededor de un metro, hace al Mediterráneo particularmente vulnerable a los cambios del nivel del mar. Una subida global del nivel del mar estimada en 13-68 cm en 2050, haría al Mediterráneo perder amplias áreas costeras de humedales y tierras bajas (31-100% hacia 2080). Además, la subida del nivel del mar es probable que produzca un incremento de la incidencia de tormentas e inundaciones. Se espera que la erosión de la costa también aumente, así como la salinidad de los estuarios y los acuíferos costeros. Se ha predicho que el número de habitantes del Mediterráneo afectados por inundaciones se incrementará dramáticamente para la década de los 2080.

Hay otros problemas que afronta el Mediterráneo como son las plantas desaladoras o las plagas de medusas de los últimos años, que están afectando gravemente a este frágil ecosistema.