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Greenpeace lanza su campaña "Recuperemos el Mediterráneo" con la intención de dirigir todas las miradas hacia el Mar Mediterráneo, tan próximo como maltratado.

Delfines nadando en aguas mediterráneas. Greenpeace/ Nick Cobbing.

Delfines nadando en aguas mediterráneas. Greenpeace/ Nick Cobbing.

Con esta campaña Greenpeace pretende dar a conocer los valores del Mar Mediterráneo, analizar las amenazas a las que se enfrenta y proponer soluciones que contribuyan a salvaguardar su productividad y sus condiciones naturales para las especies que lo habitan y para los muchos millones de personas que dependen de él, ahora y en el futuro.

El Mar Mediterráneo constituye un entorno rico y diverso que alberga multitud de especies únicas, así como importantes ecosistemas. Puesto que la mayoría del Mediterráneo corresponde a aguas internacionales, es decir, se encuentra fuera de la jurisdicción de cualquier país, verdaderamente representa un recurso y una responsabilidad compartidas para la región, sin embargo está siendo dañado por todos y protegido por ninguno.

Está amenazado por gran cantidad de impactos perjudiciales causados por la actividad humana entre los que se cuentan la sobrepesca, las técnicas de pesca destructivas, el turismo y el exceso de urbanismo en la franja litoral, la contaminación y el cambio climático. Estos factores están degradando de forma ininterrumpida el recurso y el tesoro compartido que representa el Mar Mediterráneo.

Al estar prácticamente cerrado y sus hábitats interconectados, el Mar Mediterráneo es un claro ejemplo de por qué la gestión marina debe tener en cuenta ecosistemas enteros y no especies o áreas aisladas. Una red de reservas marinas crearía una base sólida sobre la cual se puedan gestionar los recursos del Mediterráneo de forma sostenible, precautoria y centrada en los ecosistemas.

No hay tiempo que perder. Se necesitan acciones urgentes para salvar el Mar Mediterráneo. La principal solución real sería el establecimiento de una red de reservas marinas que debería cubrir alrededor de un 40% del Mar Mediterráneo, que abarque reservas a gran escala en alta mar, junto a un mosaico de reservas marinas menores en la zona litoral. Asimismo, es necesario que las actividades que se realicen en áreas que se encuentren fuera de estas reservas estén administradas conforme a los principios de sostenibilidad. Los países mediterráneos deben colaborar para proteger el Mediterráneo: nuestro recurso y nuestro tesoro compartido.