Magazine / marzo 2017

Caos eléctrico español

© Steve Morgan / Greenpeace

Caos eléctrico

Cómo el alocado sistema energético español genera pobreza energética, cambio climático y precios altos. Y con el visto bueno del Gobierno.

El pasado mes de enero saltaban todas las alarmas después de que el precio de luz subiera cerca del 40 % en algunos casos al paso de una ola de frío. Esta situación no solo dejó congelado el país y el bolsillo de la población, sino que también puso de manifiesto el mal funcionamiento del sistema energético español, con unas compañías eléctricas que, aparentemente, son incapaces de afrontar episodios así sin penalizar la factura de la luz de la ciudadanía, y un Gobierno incapaz de supervisar el correcto funcionamiento del mercado eléctrico para evitar crisis así.

Pero, ¿está realmente justificado el aumento desorbitado de los precios de la luz? La respuesta parece ser que no. Las empresas eléctricas achacaron esta subida a la disminución del viento y el presidente del Gobierno lo centró en la escasez de lluvias, lo que impedía operar correctamente a las plantas hidroeléctricas, sin embargo, días después, con pocos cambios en la situación metereológica el panorama del mercado cambiaba radicalmente. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha abierto una investigación para detectar posibles fraudes o movimientos especulativos, especialmente en el sector del gas.

Jorge Morales, ingeniero industrial y uno de los principales expertos en energía del país, considera que el problema radica en que las reglas de juego en el sistema energético no funcionan correctamente y que “el sistema marginalista estricto que quiere imponer el Gobierno a los precios de la energía no opera adecuadamente”. “No es normal”, apunta Morales, “que pequeñas variaciones como la disminución de la energía eólica hagan que el precio se dispare, algo que pasa frecuentemente”. Morales pone como ejemplo que el pasado mes de febrero hubo solo un 7% más de producción de renovables que en enero (principalmente eólica, no hidráulica como apuntaba Rajoy), pero que sin embargo el precio bajó un 25 %.

Diferentes fuentes del sector recuerdan que es lógico que el precio de la energía sea más bajo cuando hay más renovables que cuando hay que recurrir a otro tipo de combustibles como el gas para generar electricidad, pero que esto no justifica los vaivenes del mercado. A esto se suma la innecesaria complejidad del sistema eléctrico. “Las empresas eléctricas tienen más medios y mejor personal cualificado que el propio Gobierno”, señala Morales que recuerda que en este sector “los detalles son fundamentales porque pequeñas variaciones pueden afectar a todo el sistema y es importante conocer los procesos en profundidad, pero la mayoría de responsables políticos no tienen experiencia y desconocen el funcionamiento del sistema, lo que les hace dejarse llevar por sus prejuicios”.
Sea como fuere, España es uno de los países del mundo donde el sector eléctrico obtiene mejores resultados económicos y ni siquiera en los últimos años de crisis las empresas se han visto afectadas en sus millonarios beneficios de miles de millones de euros. Sin embargo, esta tendencia no ha sido similar en los países de nuestro entorno, donde las grandes eléctricas de países como Francia o Alemania han sufrido incluso pérdidas por el descenso de sus beneficios y sus deudas, y seguramente soñarían por encontrarse en el “Maná” español.

“Los políticos no tienen experiencia en energía y desconocen el funcionamiento del sistema, por lo que finalmente se dejan llevar por sus prejuicios, según Jorge Morales experto en energía”.

Un sistema eléctrico contaminante y generador de cambio climático

Según el Observatorio de la Sostenibilidad, las cinco principales compañías eléctricas de España se encuentran entre las diez más contaminantes del país. Endesa, Gas Natural Fenosa, Edp, (hidrocantábrico), E.ON e Iberdrola tienen el dudoso honor de estar en el privilegiado club de las mayores emisoras de CO2, de hecho, solo una de ellas, Endesa, es responsable del 10 % del total de las emisiones. La petrolera Repsol y varias cementeras y siderúrgicas completan el ránking.

La experta en Energía de Greenpeace Tatiana Nuño va más allá e involucra a estas compañías en el mal funcionamiento del sistema eléctrico español, además de contaminar: “Estas empresas forman un oligopolio y no solo controlan los precios e influyen en las políticas energéticas sino que además son propietarias de térmicas de carbón, gas y plantas nucleares, que mientras reciben beneficios millonarios a través de la factura de la luz y de los impuestos, nos contaminan con su energía sucia y peligrosa”.

Nuño hace especial hincapié en el problema del carbón, ya que señala a la quema de carbón para producir electricidad como la principal causa de emisiones de dióxido de carbono y de otras sustancias contaminantes a la atmósfera. “Entre las diez mayores instalaciones emisoras de Gases de Efecto Invernadero de toda España, nueve son térmicas de carbón: dos en Asturias propiedad de Edp, una en Aragón de Endesa, dos en Galicia de Endesa y Gas Natural respectivamente, dos en Andalucía de Endesa y E.ON y dos en Castilla y León de Gas Natural y de Endesa”, apunta Nuño.

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud, unas 7.000 personas mueren en España cada año a causa de las enfermedades provocadas por la contaminación del aire, directamente relacionada con las emisiones de los gases que provocan el cambio climático, como pueden ser los motores de combustión de los vehículos o las propias centrales térmicas.


El galimatías del recibo de la luz

En los últimos años, el recibo de la luz se ha hecho más visual. Predominan las tipografías atractivas, los gráficos de barras y los quesitos de colores. Parece como si cada vez hubiera más información, pero una pequeña encuesta realizada entre clientes de diferentes eléctricas para este reportaje arroja lo que todo el mundo sabe: nadie entiende realmente el recibo de la luz.

“Es cierto que el sistema eléctrico es muy complejo y esto se traslada al recibo”, comenta la experta en energía de Greenpeace Sara Pizzinato que asegura que al igual que sucede con el modelo energético a gran escala, el recibo de la luz podría ser mucho más sencillo y transparente, aunque existen reticencias por parte de las empresas “para que nadie entienda realmente lo que se le está cobrando. Por ejemplo, apunta Pizzinato, en el recibo de la luz hay numerosas partidas ocultas, como son los gastos para la gestión de los residuos nucleares o los servicios de interrumpibilidad y pagos por capacidad, que es un dinero que se paga a las eléctricas para que tengan disponibles sus centrales térmicas de gas, aunque no estén operativas, por no hablar de la excesivo e injustificada parte fija del recibo, pensada para penalizar a quien genere su propia energía y asegurar los beneficios de las eléctricas”.
Según Pizzinato, las eléctricas nunca pierden, “porque el sistema y los impuestos prácticamente los elabora el sector eléctrico”. Como alternativa, esta experta propone cooperativas de producción de renovables “que representan la única alternativa real a un sistema oligopólico y contribuyen al reparto de la riqueza y a frenar el cambio climático”.
Los modelos llamados de “energía colaborativa” están mucho más extendidos en otros países y por ejemplo en países como Alemania ya suponen una verdadera amenaza a las grandes compañías tradicionales de producción eléctrica que responden principalmente a los intereses de sus accionistas y no a los de la ciudadanía. Según un estudio realizado por CE Delf, más de la mitad de la ciudadanía de la Unión Europea y un tercio de la española podría generar su propia electricidad con energías renovables para 2050, lo que indica que “el futuro no solo será renovable, sino que será más democrático y seguramente tenga recibos más claros y transparentes”, apunta Pizzinato.

En el recibo de la luz hay numerosas partidas ocultas, por no hablar de la excesiva e injustificada parte fija del recibo”, afirma Sara Pizzinato experta en energía de Greenpeace.
Pobreza energética

Fátima (nombre ficticio) como la mayor parte de la población, tampoco entiende su recibo eléctrico ni el del gas, ni tampoco sabe cómo funciona el sistema eléctrico, pero sí entiende que no puede pagar la luz y que solo puede calentar su hogar unas horas gracias a la ayuda de la familia o de organizaciones como Provivienda, Cáritas y Cruz Roja. Fátima, que tiene tres hijos menores, nos cuenta por teléfono que, cuando su marido se quedó en paro y se le terminó la prestación, lo primero que hizo fue dejar de encender la calefacción de gas natural de su vivienda, luego llegaron los impagos del recibo de gas y el corte del suministro y después el de la luz, hasta que una ONG comenzó a pagarle el mínimo de suministro eléctrico.

Situaciones como la de Fátima no son desconocidas para Fernando Cuevas, responsable del programa Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social de Cruz Roja. “Cada año atendemos a miles de personas con dificultades para pagar el recibo de la luz y el del gas, por ejemplo, en 2016 tuvimos 21.000 peticiones de pago de suministro e invertimos 4 millones de euros”. El experto de Cruz Roja destaca que “se notan las subidas en los recibos porque para las familias más vulnerables cualquier aumento es un mundo”. Según los datos de esta organización, el 35 % de los hogares con los que colaboran tiene a todas las personas adultas que los habitan en paro, aunque también atienden a familias donde los ingresos por el trabajo no son suficientes para cubrir las necesidades básicas. “Estas familias tienen el dilema eat or heat (comer o calentarse) comenta Cuevas, que describe cómo en la mitad de los hogares que atienden con menores, éstos reconocen que pasan frío.
Pero la pobreza energética no deja de ser un síntoma más de un problema más amplio de escasez de recursos y dificultades económicas. “Nadie quiere ser pobre o que se le reconozca como tal”, explica Ernolando Parra, de Psicología Comprometida, una entidad creada hace siete años en plena crisis económica, compuesta por psicólogos que ayudan a unas 50 familias al año con pocos recursos y carencias como el acceso a la energía. “Es muy importante que las personas afectadas vean que no son las únicas en esta situación y que son víctimas, no culpables. Aún así”, comenta Parra, “vivir esta situación es vergonzante para quienes la padecen, especialmente para adolescentes, madres y padres, que sufren mucho por la familia”.

Fátima es una más de las cuatro millones de personas en esta situación en España, y por eso oculta su nombre, porque no quiere que se la reconozca, especialmente para proteger a su familia. “Es difícil aguantar, pero tengo que trabajar y ser fuerte para sacar adelante a la familia”, repite Fátima que solo quiere un empleo y poder pagar los recibos de la luz y del gas para que su familia no pase frío. No parecen grandes exigencias, especialmente si se comparan con las cuentas de resultados de las grandes eléctricas, pero mientras se resuelve el futuro energético español, Fátima seguirá enredada en el caos energético en el que se encuentra sumido el país y su familia seguirá pasando frío, esperando a que vengan tiempos mejores; más calurosos.

El Greenwashing del sector de la energía

Verdes bosques, cielos azules, familias felices en campos floridos… así son muchas de las publicidades de las empresas eléctricas que pretenden mostrar una imagen propia mucho más verde y sostenible de la que tienen en realidad. Este tipo de práctica, conocida normalmente por el término inglés greenwashing o limpieza verde (de imagen), es muy común en el sector energético y habitualmente provoca la indignación de clientes y ecologistas que conocen que la realidad que se oculta detrás es muy diferente.
En 2009, buena parte de las empresas energéticas, y otras del sector de la automoción, se comprometieron a que los anuncios de sus productos y servicios no fueran ambiguos ni se prestaran a falsas interpretaciones, aunque la realidad hoy día es bien diferente y prácticamente la totalidad de las empresas petroleras o energéticas utilizan estéticas en sus anuncios que provocan confusión, porque ofrecen una imagen mucho más verde de la real, que normalmente pone más el foco en su accionariado que en las personas o el medio ambiente.

El impuesto al Sol según Jorge Morales

Cuando se le pregunta a Jorge Morales, experto en el sector energético en España, sobre el llamado impuesto al Sol, le cambia la cara. Primero recalca que el Gobierno español tiene una “conciencia climática nula” y que el factor medioambiental jamás influye en la Secretaría de Estado de Energía a la hora de tomar decisiones. “La sociedad visibiliza estas trabas para acceder a la producción propia de energía como un impuesto al sol detrás del cual no hay más que una defensa irracional por parte del Gobierno de una normativa de autoconsumo que es la más restrictiva del mundo”, apunta Morales, que también rebate otros argumentos como los de la insolidaridad por parte de quienes apuestan por producir su propia energía, “de ser así, quien aísla su casa es también insolidario, pero peor es el argumento de que si se potencia el autoconsumo, se reducirá la recaudación de IVA, lo cual es demencial”, remacha Morales.

Texto Conrado García del Vado