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Qué perdemos

Página - noviembre 4, 2010
Los bosques son el hábitat de una gran cantidad de seres vivos y el modo de vida de muchos pueblos o comunidades locales. Los incendios forestales, además de suponer un desastre para la conservación de esta rica biodiversidad, se convierten en un problema para el medio de vida de muchas personas que viven del aprovechamiento de los recursos forestales.

Pero el fuego se lleva más cosas. Los bosques y los suelos sobre los que se asientan actúan como embalses naturales. Las ramas y troncos de los árboles recogen y distribuyen el agua de lluvia, evitando que corra rápidamente por el suelo. El agua penetra en el suelo forestal, que puede retener el agua durante largas temporadas, alimentando ríos y manantiales. Esta función de regulación hídrica ayuda a evitar inundaciones e incrementa las disponibilidades hídricas de los meses secos, cuando más falta hace.

Debido a esta capacidad de amortiguar la acción del agua, los bosques colaboran en la retención y mejora del suelo, evitando la erosión y desertización. También, el intercambio de gases con la atmósfera y la evapotranspiración que realizan los bosques contribuye a amortiguar los cambiosbruscos de temperatura, configurando el clima local. Junto con los océanos, los bosques son los grandes reguladores del clima global, y su desaparición es una triste contribución al cambio climático.

En todo el mundo, el uso del fuego para el avance de la agricultura, la ganadería y las plantaciones es responsable de una parte importante de las emisiones globales de gases de efecto invernadero responsables del cambio climático.

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