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Soluciones

Página - julio 1, 2013
Un primer paso fundamental para salvar a las abejas y la agricultura es la prohibición del uso de los plaguicidas químicos que las matan. Greenpeace identificó varios de ellos que es preciso prohibir de manera prioritaria; la lista incluye: imidacloprid, tiametoxam, clotianidina, fipronil, clorpirifos, cipermetrin y deltametrin.

El 24 de mayo de 2013, la Comisión Europea publicó un reglamento, apoyado por la mayoría de los países de la UE (entre ellos España), para limitar temporalmente el uso de los neonicotinoides imidacloprid y clotianidina (el principal productor es Bayer) y tiametoxan (producido principalmente por Syngenta), de los que se ha demostrado científicamente que son nocivos para las abejas. Ya antes se aplicaban prohibiciones parciales de neonicotinoides en Italia, Francia, Alemania y Eslovenia, sin impactos significativos en la producción agrícola, pero con ciertos efectos positivos en la salud de las abejas.

Pero esto no es suficiente. Es preciso aún tomar medidas para favorecer la biodiversidad en explotaciones agrícolas y proteger los ecosistemas que están todavía intactos, con el fin de proporcionar a las abejas un entorno adecuado para vivir. Plantar setos y crear zonas de flores silvestres, junto con hábitats interrelacionados, ayudarán también a las abejas; pero prohibir los plaguicidas tóxicos para las abejas es un primer paso crucial para salvarlas –y, con ellas, la agricultura– en Europa.

Por suerte, los consumidores demandan cada vez más alimentos procedentes de agricultura ecológica (sin plaguicidas químicos, ni transgénicos y que fomentan la biodiversidad), lo que permite que esté en expansión en muchos países, incluyendo la mayor parte de Europa. En este aspecto España sigue destacando y se mantiene, año tras año, a la cabeza de la superficie destinada a agricultura ecológica en la UE. Por ello debe ser el principal interesado en fomentar las prácticas que permitan que este sector siga creciendo.

El control de plagas con productos químicos tóxicos se sustituye con otras prácticas, como potenciar los insectos beneficiosos o el cultivo de plantas que repelen las plagas en los campos y otras que las atraen en las zonas limítrofes. Los monocultivos a gran escala se convierten en sistemas de cultivo mixtos, con gran biodiversidad y una alta resistencia a la presión de las plagas. La rotación de cultivos es otra herramienta para una agricultura inofensiva para las abejas, que también se ven beneficiadas por los parques y jardines con plantas locales que las atraen.

Greenpeace reclama:
La prohibición total e inmediata de todos los plaguicidas que son perjudiciales para las abejas y otros polinizadores, empezando por los más tóxicos: clotianidina, imidacloprid, tiametoxam, fipronil, clorpirifos, cipermetrin y deltametrin.

La adopción de planes de acción para salvar a las abejas: 

  • Efectuar el seguimiento de la salud de las abejas y de otros polinizadores.  
  • Evaluar mejor los riesgos de plaguicidas y reducir su uso.

  • Promocionar las alternativas agrícolas sin sustancias químicas, y aumentar la biodiversidad en la agricultura.        


Trasladar la financiación de la agricultura industrial destructiva a la promoción de la agricultura ecológica.   

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