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Agricultura industrial

Con la llamada “Revolución Verde” nace la agricultura industrial cuyo objetivo único es el incremento masivo de producción de alimentos, alejándose de los métodos tradicionales.


Pero la triste realidad es esta: entre el 30 y el 50% de los alimentos se tiran a la basura, cuando el número de personas hambrientas sigue creciendo y alcanza ya la asustadora cifra de 1.000 millones de personas. Por otro el número de personas con sobrepeso y obesidad, la quinta causa de riesgo de defunción según la OMS, afecta a 1.500 millones de personas. ¿Es este el camino que queremos seguir?

La agricultura industrial está asociada a la extensión de monocultivos y vinculada a deforestación de ecosistemas de gran valor e incluso de bosque primario. Al ser cultivos tan desarraigados de la naturaleza se generan desequilibrios, siendo terrenos empobrecidos vulnerables a enfermedades y plagas. Los monocultivos provocan un desequilibrio ecológico importante, empobrecen los suelos y son más susceptibles a enfermedades y plagas.

Por tanto, se genera la necesidad de aplicar grandes dosis de productos químicos como  fertilizantes sintéticos y productos químicos (pesticidas y herbicidas) con altísimos impactos ambientales como por ejemplo la contaminación del suelo, de acuíferos y cursos de agua, así como efectos en seres vivos como es el caso del declive de las poblaciones de las abejas, que a la vez sirve de alerta de algo estamos haciendo mal.

Muchos de estos productos químicos están relacionados con enfermedades cancerígenas o actúan como disruptores hormonales en el organismo de los seres humanos.



El actual modelo de agricultura y ganadería intensiva es uno de las principales causas de cambio climático. Las mayores emisiones directas de la agricultura se deben al sobreuso de fertilizantes, a la destrucción de ecosistemas para obtención de nuevas tierras, a la degradación de los suelos y al modelo de ganadería intensiva.

El empleo masivo de fertilizantes y las emisiones resultantes de N2O (Óxido nitroso) representan el mayor porcentaje de contribución agraria al cambio climático. ¡Con un potencial de producción de calentamiento global unas 296 veces mayor que el CO2!

Es vital cambiar el modelo de agricultura y alejarse del modelo agrario basado en pesticidas, fertilizantes, transgénicos y consumo masivo de agua y petróleo.

Es posible una agricultura basada en la biodiversidad, la sostenibilidad ambiental y social, llegando a ser un sumidero de CO2 que contribuya a paliar los efectos del cambio climático.

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