Activistas de Greenpeace bloquean un almacén que contiene patatas transgénicas (Amflora)
En marzo
de 2010, la Comisión Europea daba luz verde al segundo cultivo transgénico permitido en Europa: una patata transgénica propiedad del gigante químico BASF, denominada Amflora.
Esta patata está modificada genéticamente para incrementar el contenido de almidón y destinarlo a la fabricación de papel, detergentes, pegamento y otros productos industriales. Sin embargo, existen patatas convencionales no transgénicas, disponibles en el mercado, con casi el mismo contenido de almidón.
Contiene un gen que le hace resistente a determinados antibióticos, motivo por el cual la Organización Mundial de la Salud, el Instituto Pasteur y la Agencia Europea del Medicamento
advirtieron del peligro de este tipo de organismo modificado genéticamente ya que preocupa que estos genes puedan crear resistencias en microorganismos y generar problemas sanitarios en humanos y animales. Por ejemplo, en el tratamiento de la tuberculosis.
Su aprobación fue polémica, ya que la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) se retractó de dictámenes anteriores y avalando la seguridad de la patata de BASF con un informe de junio 2009 en el que afirma que la posibilidad de transferencia a bacterias de la resistencia a antibióticos era remota, y sólo fue demostrada en el laboratorio. Sin embargo, la EFSA asumió la contaminación transgénica como presencia accidental cuando autorizó hasta un porcentaje del 0,9% en alimentación humana.
En 2010 se cultivó únicamente 267 hectáreas en tres países: Suecia, Alemania y República Checa. Sin embargo, las experiencias fueron desastrosas. En Suecia se produjo un caso escandoloso de contaminación con otra patata transgénica ilegal, conocida como Amadea. Y en la comarca alemana donde se cultivaba la Amflora, se confiscaron las cosechas de la patata hasta que la empresa demuestrase que no habia existencia de contaminación de Amadea. Hungria, Luxemburgo y Austria prohibieron su cultivo.
En 2011, el cultivo de su producto más destacado de BASF no llegaba a más de 20 hectáreas.En enero de 2012,
la propia empresa BASF confirmaba el abandono de sus planes de desarrollo y comercialización de sus cultivos transgénicos en Europa debido a la oposición de la mayoría de consumidores, agricultores y clase política. Sin embargo, proseguirá con el proceso de demanda de autorización a la Unión Europea de las patatas transgénicas Amadea, Modena y Fortuna."
El uso de transgénicos para las necesidades industriales,
demuestra claramente la falacia de las promesas de la industria biotecnológica, que presenta esta tecnología como la solución para el hambre en el mundo. Los cultivos transgénicos que se comercializan en el mundo no están diseñados para alimentar al Planeta, sino que son fundamentalmente una excusa para mantener y aumentar la venta de herbicidas.
Enlaces de interés:
- Organización Mundial de la Salud.
- Agencia Europea del Medicamento.
- Directiva 2001/18/EC sobre la liberación al medioambiente de organismos modificados genéticamente. Artículo 4(2)