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Etiquetado de los alimentos

Página - noviembre 4, 2010
Los únicos transgénicos que están permitidos en la Unión Europea para consumo humano son, precisamente, la soja y el maíz. Recientemente se ha autorizado una patata cuyos derivados podrían acabar en nuestros platos en un futuro cercano.

Activistas de Greenpeace estiran una petición que contiene un millón de firmas alrededor de la oficina central de la Comisión Europea en Bruselas.

Desde 2004, existe legislación que regula el etiquetado y trazabilidad de alimentos y piensos modificados genéticamente.

En virtud de estas normas, deben ser etiquetados los productos que deriven de cosechas transgénicas, independientemente de la presencia de ADN o de proteína "transgénica" en el producto final. En la etiqueta debe constar la indicación
«Este producto contiene organismos modificados genéticamente», o bien «Este producto contiene [nombre del o de los organismos] modificado genéticamente».

Esto incluye a ingredientes, materia primas y aditivos.

Vacíos legales y trampas del etiquetado:

- la legislación permite la contaminación "accidental o técnicamente inevitable" con hasta un 0,9% de transgénicos sin obligatoriedad de etiquetar.

¡La propia normativa afirma que la contaminación es inevitable y además permite su presencia sin informar al consumidor!

- no es obligatorio etiquetar los productos alimentarios  que proceden de animales alimentados con OMG.(carne, leche, huevos, etc.) De este modo, y pese al rechazo de la gran mayoría de los consumidores europeos, los OMG siguen produciéndose a gran escala a nivel mundial e importándose, mayoritariamente, para la alimentación animal.

Vacíos que favorecen una vez más a las grandes corporaciones biotecnólogicas y que deja totalmente desprotegido a los consumidores.

Añadir que, además de ser una normativa escasa no se aplica de manera rigurosa, ya que no se garantiza ni la segregación (separación de las cosechas transgénicas y convencionales en el origen), ni la trazabilidad (seguimiento del campo al plato). Analíticas realizadas por Greenpeace, por ejemplo, han detectado presencia transgénica en alimentos con un porcentaje muy superior al 0,9% sin que constara en la etiqueta.

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