Un equipo de escaladores de Greenpeace, procedentes del barco de
Greenpeace Arctic Sunrise, ha bloqueado hoy, durante casi cuatro horas,
las instalaciones de exportación de soja que Cargill construyó
ilegalmente en Santarem, en el río Amazonas. La soja, que es exportada
a Europa para alimentar al ganado, se cultiva en zonas deforestadas de
la selva tropical amazónica. De momento hay 16 detenidos (de Brasil,
Argentina, Estados Unidos, Canadá, España Túnez) entre ellos Marc San
Juan, voluntario de Greenpeace España (1).
Las escaladores ahora continúan intentando ocupar el tejado y las
cintas transportadoras de las instalaciones de Cargill donde han
desplegado una pancarta con la leyenda “Fuera Cargill” en portugués e
inglés. Otros voluntarios están intentando evitar que las barcazas
descarguen su soja en las instalaciones. Al mismo tiempo el Arctic
Sunrise está intentando bloquear el muelle para impedir la aproximación
de más barcazas, pero está siendo embestido por un barco de Cargill.
Los trabajadores de Cargill que se encuentran en el muelle han
reaccionado violentamente; uno de los activistas ha sido arrojado
al agua y otros tres tienen heridas leves.
Investigaciones recientes de Greenpeace, incluidas en el informe
Devorando la Amazonia (2), muestran que las instalaciones de Cargill no
sólo son ilegales (3) sino que están “blanqueando” para el mercado
mundial la soja que obtenida de la destrucción de la selva (4). Cargill
posee 13 silos en zonas de selva deforestada, más que ninguna
otra empresa.
Miguel Ángel Soto, responsable de la campaña de bosques de Greenpeace,
ha denunciado que “empresas norteamericanas como Cargill están
devorando la Amazonia para plantar soja. La carne alimentada con esta
soja termina en los estantes de los supermercados europeos y en los
mostradores de empresas de comida rápida como Kentucky Fried Chicken.
Nuestros voluntarios aguantarán tanto como sea posible para evitar que
soja procedente de la destrucción de la selva tropical más importante
del planeta sea exportada a Europa con el fin de
alimentar pollos, cerdos y vacas”.
El cultivo de soja se ha convertido en uno de los principales agentes
de la destrucción de la selva amazónica brasileña. Se calcula que,
hasta el momento, 1,2 millones de hectáreas de selva han sido arrasadas
para cultivar soja. Cargill no oculta que está ayudando a establecer
plantaciones de soja en la Amazonia. Muchas de estas haciendas están
implicadas en otras actividades ilegales, como robo de tierras y
esclavitud (5).
“Las empresas como Cargill deben dejar de ver la Amazonia como un lugar
donde extender sus negocios de soja y darse cuenta de que es la mayor
selva tropical del mundo y que necesita protección”, afirmó Gavin
Edwards, Coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace
Internacional.
Greenpeace está haciendo un llamamiento a Cargill y la industria
alimentaria europea para que se aseguren de que la soja y los piensos
para animales que adquieren no contribuyen a la destrucción de la
Amazonia ni han sido genéticamente modificados. Para más información:
NOTAS:
(1) Marcos Sanjuán, activista barcelonés
que ya estuvo en una estación de resistencia de Greenpeace en Laponia,
se encuentra embarcado en el Arctic Sunrise desde el pasado día 3 de
mayo dentro de la expedición que la organización está llevando a cabo
para denunciar el problema que la soja está causando en la
Amazonia. Su diario, “Crónicas desde el Mundo Verde”, se puede
consultar en la
web de Greenpeace:
(2) Devorando la Amazonia, informe disponible en la web de Greenpeace:
http://www.greenpeace.org/espana/reports/devorando-la-amazonia También
hay disponible un breve informe sobre los crímenes de Cargill en
inglés:
http://www.greenpeace.org/international/press/reports/cargill-amazon
(3) En febrero de 2006, el segundo
tribunal más importante de Brasil falló que Cargill debía cumplir la
legislación brasileña y realizar una Evaluación de Impacto Ambiental,
no sólo del puerto que ya habían construido, sino por los distintos
impactos en toda la región.
(4) En uno de los numerosos casos
estudiados en el informe, se comprobó que la soja que llegaba a las
instalaciones de Cargill procedía de la Hacienda Lavras, que se asienta
en terrenos adquiridos ilegalmente y parte de los cuales se habían
deforestado para plantar soja. Greenpeace posee una copia del contrato
firmado entre Cargill y los propietarios de la hacienda, los hermanos
Cortezia.
(5) El gigante agroalimentario Cargill,
es la mayor firma privada de los EE.UU, con unos ingresos cercanos a
los 63.000 millones de dólares en 2003. Es el rey indiscutible del
comercio mundial de grano. Compra, vende, transporta, mezcla, muele,
moltura, refina y distribuye por todo el planeta.
Información de la campaña de
Greenpeace sobre la soja amazónica