Sebastián Losada, Responsable de la Campaña de Océanos de Greenpeace estará durante un mes a bordo del barco Rainbow Warrior siendo testigo del saqueo del atún rojo en el Mediterráneo.
19 de junio de 2007.-
Es lo que tardamos en encontrar a parte de la flota italiana incumpliendo el nuevo plan de gestión del atún rojo, que había entrado en vigor el miércoles 13 de junio.
El día 14, a la una de la mañana, observamos varios ecos en el radar
aunas doce millas de distancia del Rainbow Warrior. Decidimos
acercarnos y aunque era de noche, a unas tres millas vimos que podían
ser cerqueros dedicados a la pesca de atún rojo. Así que el Rainbow
Warrior detuvo los motores, a la espera de que con la primera luz de la
mañana pudiéramos determinar de quién se trataba.
Como esperábamos se trataba de la flota italiana. Durante toda la mañana seguimos de cerca al Ligny Primo, el Maria Antonietta y el Luca Maria pescando atún rojo.
Los tres barcos avanzaban en zig-zag peinando la zona en busca de
bancos de atún. En un radio de menos de seis millas había al menos
otros cuatro barcos italianos.
Entre las diez de la mañana y la una y media de la tarde, los barcos estuvieron rodeados permanentemente de avionetas. Con ayuda de nuestras cámaras pudimos identificarlas: tres avionetas norteamericanas y una italiana.
El uso de avionetas para la búsqueda de bancos de atunes está
terminantemente prohibido. Las avionetas incrementan mucho la eficacia
de estos barcos. No sólo los buques de cerco capturan el atún
justamente en su época de reproducción, aprovechando que éste sube a la
superficie a desovar, sino que con las avionetas, simplemente no tiene
escapatoria, es una presa demasiado fácil.
Según las informaciones que manejamos, desde la isla italiana de
Lampedusa operan entre 10 y 15 avionetas. ¿Cómo es posible que el
Gobierno italiano lo permita? Un aeropuerto es un lugar muy controlado,
y una avioneta que se pasa cuatro horas sobrevolando una zona situada a
más de 60 millas de la costa más cercana, donde lo único que hay es mar
abierto y barcos pesqueros, seguro no está allí haciendo turismo.
24 horas. Eso es lo que ha hecho
falta para probar que la flota comunitaria incumple el plan que sólo 72
horas antes había aprobado el Consejo de Ministros de la Unión Europea.
La pesquería de atún rojo sigue fuera de control.
Sebastián Losada, Responsable de la campaña de Océanos de Greenpeace desde el barco Rainbow Warrior.
12 de junio de 2007.-
SIN NOTICIAS DE CAMBIOS
Uno esperaría que los problemas sirvieran al menos para no cometer los mismos errores una y otra vez.
Por ejemplo, cabría esperar un antes y un después del colapso de la población de bacalao en Terranova (Canadá).
Cuándo éste se produjo, a principios de los 90, se trataba de la mayor
pesquería comercial delmundo entero. Explotada desde hacía siglos, era
casi un ejemplo del carácter inagotable de los recursos marinos.
Casi
de un día para otro aprendimos que era mentira. El caladero no era
inagotable. El bacalao se había ido y con él 40,000 empleos en una
región en la que la pesca era la actividad económica más importante.
Por
aquel entonces Greenpeace llevaba a cabo una fuerte campaña que sin
duda contribuiría a la aprobación de una pieza clave del derecho
marítimo internacional. El Acuerdo de Naciones Unidas sobre las
Poblaciones de Peces Altamente Migratorias de 1995. Un acuerdo que por
primera vez incluía el enfoque de precaución como un elemento clave en
la gestión pesquera y que trataba de garantizar la explotación
sostenible de los recursos pesqueros compartidos por distintas naciones
en aguas internacionales. Como en el caso del atún rojo. Su aprobación parecería parte de una evolución natural entre una época anterior en la que se crearon instituciones como las Organizaciones Regionales de Pesca, destinadas a "repartirse el pastel" de los recursos pesqueros,
y una época de mayor escasez y de crisis medioambiental, en la que son
necesarias instituciones capaces de garantizar una explotación
sostenible de los recursos y de detener la carrera por pescar más y
más.
Ya en 2007 podemos asegurar que ese cambio sólo se ha
producido en las declaraciones de algunos políticos. En el mundo real
del mercadeo pesquero lo que sigue primando son los intereses a muy
corto plazo de unos pocos industriales. Nos sobran los ejemplos y desde
luego el del atún rojo es uno muy destacado.
El
acuerdo al que hago referencia se aprobó en 1995. Sin embargo hicieron
falta otros 6 años hasta que entrara en vigor, a la espera de que un
número suficiente de países lo ratificaran. Todavía no sabemos cuanto
tiempo hará falta para que nuestros Gobiernos se decidan a ponerlo en
práctica.
Hoy en día hay un proceso abierto para que las
Organizaciones Regionales de Pesca ajusten sus prácticas a las
obligaciones del tratado de 1995. Me atrevería a decir que quizás con
la excepción de CCAMLR, la
convención encargada de la conservación y gestión de los recursos
marinos vivos antárticos, cualquier otra organización regional de pesca
está tan alejada de sus obligaciones que habría que declararlas
sencillamente incompetentes y refundarlas desde cero.
¿Cómo habría que declarar a la Comisión para la Conservación
del Atún Atlántico (CICAA), obligada a integrar el principio de
precaución en sus decisiones, cuando aprueba la captura de 30,000
toneladas de atún en 2007, frente a las 15,000 recomendadas por los
científicos? No sé la respuesta, pero sé que a lo que han aprobado le han puesto el nombre de "Plan de Recuperación".
31 de mayo de 2007.-
Son las cuatro de la tarde
cuando la tripulación del pesquero italiano Astra comienza a recoger su
aparejo. Es un palangrero de unos 20 metros con base en el puerto
siciliano de Siracusa. El palangre consta de una línea principal, de la
que cuelgan a intervalos fijos, líneas con anzuelos. En el caso del
Astra, 50 millas (más de 75 kilómetros) de línea principal y 1.700
anzuelos que tratan, en esta época del año, de capturar atún rojo y pez
espada.
Marco,
el capitán del
Astra que con gran amabilidad nos ha invitado a bordo a charlar y a
filmar el proceso de pesca, está desesperado. Llevan diez días
de pesca y hasta el momento han capturado ocho atunes y cuatro peces
espada, además de un tiburón. No es suficiente para mantener a los 5
tripulantes del barco (el propio Marco, su hermano, y tres marineros
tunecinos), pagar el combustible, la carnada, etc.
Uno de los
atunes es un animal impresionante para nosotros, un pez de 150 kg. Pero
no para los tripulantes del Astra. Hace pocos años, en cualquier
temporada, pescaban atunes de 400 kg. Ya no.
Este atún de 150 kg es probablemente lo más grande que van a encontrar este año.En
este viaje el Astra ha calado ya su arte tres veces. Es un cálculo
sencillo: hasta el momento 5,100 anzuelos sólo han sido capaces de
capturar 13 peces. Lo que nos cuentan es lo mismo que hemos estado
oyendo en las conversaciones que hemos mantenido en las últimas dos
semanas con otros barcos. Cada vez hay menos atún. Cada vez es más
pequeño.
Marco cree que esta es la última temporada que vienen a pescar atún rojo.En
dos días el Astra volverá a puerto de la que quizás sea su última
campaña de atún rojo en muchos años. Todavía, dice, les queda el pez
espada y el bonito.
Pero el atún rojo se acaba.
Sebastián Losada, Responsable de la Campaña de Océanos de Greenpeace, a bordo del barco de Greenpeace Rainbow Warrior
30 de mayo de 2007.- Atunes y pateras
En las
últimas horas, la presencia de embarcaciones con emigrantes ha sido
noticia en la región en la que nos encontramos, entre las costas de
Libia, Malta y la isla italiana de Lampedusa. Al menos dos barcos
relacionados con la pesca y engorde de atún, se han topado con barcos
cargados de emigrantes.
Al Rainbow Warrior nos llegan noticias de que en unos de estos casos, el del buque Budabel,
los emigrantes se pasaron 24 horas con el agua al cuello,
tras haberse encaramado a las jaulas que se usan para transportar el
atún. Mientras, los Gobiernos libio y maltés no se ponían de acuerdo
sobre quién debía hacerse cargo del rescate. Las mismas fuentes afirman
que los propietarios del Budabel no querían que los emigrantes
interrumpieran el viaje del barco, que transporta atún desde aguas
Libias hacia algún país europeo para ser engordado.
Es penoso tener que
recordar que en primer lugar hay un deber moral de atender a cualquiera de estas embarcaciones. Que
el derecho marítimo internacional obliga a cualquier capitán a ofrecer
asistencia inmediata a las personas que se encuentran en esta
situación, sin discriminar su origen, raza o los motivos para haber
emprendido un camino tan difícil.
Episodios como el vivido el
año pasado por el pesquero español "Francisco Catalina", que durante
más de una semana atendió a 51 personas en esta misma zona mientras
ninguna autoridad se hacía cargo de la situación, son una vergüenza
para esta opulenta Unión Europea nuestra, que muchos tratan de
alcanzar. Pero por lo visto estos días, puede que las cosas no hayan
cambiado mucho.
El
Rainbow Warrior se encuentra en la región para denunciar el expolio del atún
rojo en el mayor caladero de pesca de esta especie que todavía resiste
los excesos de la industria: el caladero libio. No deja de indignarnos
el contraste entre la extrema pobreza que empuja a miles y miles de
africanos todos los años a tratar de alcanzar el mundo rico y los
millones de euros que salen de las aguas del continente en forma de
productos pesqueros.
En el caso del atún rojo, el valor de las
capturas ilegales de esta especie entre 2003 y 2006 ha rondado según
expertos de la industria los 2.500 millones de euros. Buena parte de
ellas han sido capturadas en aguas libias, por barcos que pertenecen a
empresarios comunitarios. La flota europea tiene el derecho histórico a
pescar más de la mitad de todo el atún rojo que se puede pescar
legalmente. No contentos, es la flota responsable de la mayor parte de
las capturas ilegales (que probablemente han rondado las 20.000
toneladas en 2005), que
están amenazando el futuro de la especie y de una pesquería que podría desaparecer en muy pocos años.En
el caso mucho más familiar para nosotros de los emigrantes
subsaharianos que llegan a las costas canarias cada año, hay un vínculo
fundamental entre el desplazamiento de personas y la degradación del
medio ambiente.
Muchos de los africanos que llegan en patera son ex-pescadores que ya no pueden ganarse la vida en sus países.
En África Occidental, Greenpeace ha trabajado en los últimos años para
denunciar la destrucción de los recursos pesqueros del continente a
manos de flotas piratas que luego venden estos productos en el mercado
europeo, al que acceden principalmente a través del puerto de Las
Palmas. El valor de los productos pesqueros literalmente robados por
estas flotas en las costas del África Subsahariana se calcula en al
menos 1.000 millones de euros anuales, de los que estos países no
reciben ni un
céntimo. Estas flotas dejan atrás, eso sí, mares vacíos que pueden proporcionar trabajo y un medio de vida a mucha menos gente.
Como nota final, no deja de ser una
triste
paradoja que los atunes que viajan a bordo de estas jaulas a las que
los emigrantes se subieron para salvarse, vayan a ser alimentados con
sardinas pescadas frente a las costas de Mauritania o de Marruecos.
Miles de toneladas de pescado dedicadas a engordar atún en las costas
europeas para complacer los gustos del exigente mercado japonés.
24 de mayo de 2007.- El Mediterráneo a la deriva
La
temporada de atún rojo no parece haber comenzado todavía en las aguas
que se extienden frente a las costas de Libia. Ha habido ya algunas
capturas, sí, pero muy pocas en comparación con las que posiblemente
veremos en las próximas semanas. Doscientos cerqueros tratarán de
pescar todo el atún que puedan en el caladero libio antes del cierre de
la pesquería el próximo 1 de julio. Para ello acuden a estas aguas: el
último reducto en el que todavía sobrevive una importante subpoblación
de atún rojo que comienza a mostrar ya signos de agotamiento.
Se
trata de un animal especial. Rápido, capaz de recorrer miles de millas
en sus migraciones y de alcanzar los 700 kg de peso. Y exigente con la
temperatura del agua, que ronda ahora los 22.5 º C en superficie. Está
todavía fría para que el atún rojo decida subir a la superficie a
reproducirse. Es ahí, a muy poca profundidad, donde será presa fácil
para las flotas de cerco mediterráneas que aprovechan este periodo para
capturar cantidades ingentes de atún.
Pero mientras el atún no
llega a la superficie hemos podido observar ya muestras de la deriva
del Mediterráneo, un mar que entre unos y otros estamos vaciando. El
pasado domingo nos encontramos con una flota tunecina de barcos
pescando con redes de deriva. Eran entre 11 y 13 barcos de los que
pudimos identificar y filmar a siete de ellos. El mar estaba
literalmente cubierto de redes en la zona, tanto que teníamos que
navegar en zig zag para evitarlas. Las redes de deriva están prohibidas
en todo el Mediterráneo desde el año 2004, pero esto no impide que se
sigan usando, al abrigo de Gobiernos que hacen muy poco para controlar
a sus pescadores.
Estas artes fueron prohibidas porque son muy
ineficientes. Es necesario calar kilómetros y kilómetros de redes para
capturar tan sólo unos pocos peces. En el camino quedarán atrapadas
especies no deseadas como tiburones, tortugas marinas y delfines,
muchas de ellas amenazadas.
Precisamente ayer, unas millas al
Este de donde encontramos a esta flota de rederos, observamos una
tortuga marina (una tortuga careta) haciendo enormes esfuerzos por
sumergirse. Pero era imposible. Las aletas traseras estaban enredadas
en una maraña de red y flotadores, posiblemente procedente de una de
estas redes de deriva. Se trata de una especie en peligro, amenazada,
sobre todo precisamente por su captura accidental en artes de pesca.
Ésta
se salvó, después de que pusiéramos un bote en el agua y
consiguiéramos, no sin trabajo, cortar la red. Fue una suerte que la
viéramos. Otras muchas seguirán quedando a la deriva en el
Mediterráneo, víctimas de la falta de voluntad para hacer cumplir leyes
que han sido aprobadas con mucho esfuerzo y que debieran ser
respetadas.
21 de mayo de 2007.-
Saludos desde el Rainbow Warrior. Pues sí,
sopa de medusa,
eso es lo que nos va a quedar si no conseguimos que quienes nos
gobiernan, de una vez, hagan algo que no sea tratar de evitarse
problemas con su industria pesquera... y pronto.
Yo no recuerdo
un caso mejor documentado, de una mayor unanimidad por parte de los
científicos, e incluso con mayor atención por parte de los medios de
comunicación, que el de la
sobreexplotación (habría que decir casi el exterminio) del atún rojo en el Mediterráneo.
Y pese a eso el año pasado asistimos a un espectáculo lamentable, con
la Unión Europea defendiendo a su flota, que ha capturado decenas de
miles de toneladas de atún ilegalmente, por encima de cualquier otra
consideración
¿Cómo se puede a estas
alturas aprobar una cuota de pesca de 29.500 toneladas cuando los
científicos están diciendo que no se deben pescar más de 15.000, y
todavía tener la desfachatez de ponerle a eso el nombre de "plan de
recuperación del atún rojo"? A ese nivel de cinismo hemos llegado.
Y
el Gobierno español sin mover un dedo, la verdad. La cosa no va con
ellos. Dentro de dos años estarán negociando que la flota mediterránea
pueda ir a pescar al Pacífico Sur, y tan contentos. A todos nosotros
nos habrán dejado eso, un mar lleno de medusas, o lo que sea que
resulte de un experimento del calibre de haber dejado al Mediterráneo
sin uno de sus mayores predadores.
Así que aquí estamos otra
vez, tratando de contar al menos lo que está pasando en aguas de Libia,
probablemente el último reducto de la población de atún rojo. No sé si
podemos decir las cosas más alto. Más claro es imposible:
¡cierren la pesquería ya! ¡no esperen a que la cierre la desaparición de la especie!"
Sebastián Losada, Responsable de la campaña de Océanos de Greenpeace desde el barco Rainbow Warrior.