Antártida —
El ballenero japonés averiado en la Antártida, Nisshin Maru, ha comunicado al barco Esperanza de Greenpeace su intención de comenzar de nuevo a navegar y abandonar las aguas de la Antártida. El Nisshin Maru, que durante días ha permanecido en el santuario de la Antártida debido a una avería provocada por un incendio, ha rechazado durante todo este tiempo la ayuda ofrecida por Greenpeace, a pesar del alto riesgo de que se produjera un desastre natural por el vertido de fuel.
Después de nueve días de seguimiento, el ballenero abandonaba
finalmente las aguas inmaculadas de la Antártida, seguido por el barco
Esperanza de Greenpeace que lo escoltará hasta salir de aguas
antárticas.
Sin
embargo, Greenpeace ha condenado la forma en que el Gobierno japonés en
Tokio ha afrontado la gravedad de la situación. Desde la explosión del
pasado jueves, no han sido transparentes con las autoridades de rescate
ni con otros gobiernos sobre los daños ocasionados por la explosión y
los posibles riesgos humanos y materiales. A esto se añade que
han declarado públicamente que continuarán cazando.
“Continuar
trayendo barcos balleneros a la Antártida no solo amenaza directamente
a la población de ballenas por la caza, sino que es un riesgo
inaceptable para el ecosistema marino de esta zona”, señala Karli Thomas, líder de la Expedición de Greenpeace a bordo del barco Esperanza. “Si
simplemente navegan fuera de la Antártida, los escoltaremos y
continuaremos ofreciéndoles nuestra ayuda. Pero si intentan volver a
cazar tomaremos medidas pacíficas directas para paralizarles”.
La
salida del Nisshin Maru de este área debería ser la última vez que un
barco ballenero fuera visto en aguas antárticas, no sólo por el
programa de caza, sino por los inaceptables riesgos que supone para el
ecosistema y la vida marina. Esta es la segunda explosión que se
produce en el Nisshin Maru -la primera fue en 1998.
La
Antártida es patrimonio de la humanidad, y la responsabilidad de
todos los gobiernos es protegerla. Greenpeace insta a todos los
firmantes del Tratado Antártico y a los miembros de la Comisión
Ballenera Internacional a trabajar al más alto nivel político para
asegurar que es la última temporada que se cazan ballenas en la
Antártida.
— Greenpeace