Tarragona, España —
La radiactividad liberada a la atmósfera en el escape del lunes pasado de la central nuclear de Ascó-2 superó, en tan sólo 4 minutos, el total de radiación permitida para todo un año para gases nobles radiactivos. Es decir, equivale a soltar de una vez todos los gases nobles radiactivos que se emiten normalmente en un año en la operación rutinaria de la central.
Este incidente está relacionado con el ocurrido el pasado 30 de
septiembre cuando se detectó una fuga a la contención en una línea de
venteo del presionador porque es fruto también de un conjunto de
problemas técnicos y de errores humanos (de mala Cultura de Seguridad).
La fuga se produjo en el circuito primario, donde, según las normas de
seguridad, el nivel de fuga debe ser cero. Eso forzó la Parada No
Programada del reactor (para poder reparar la fuga) y que Ascó-2
tuviera que notificarlo al CSN. Para Greenpeace la nota de prensa que
publicó ese día el CSN sobre el suceso era intencionadamente confusa.
El pasado lunes, por algún motivo que el CSN todavía no ha explicado,
los técnicos de Ascó-2 quisieron medir el vapor radiactivo que había
estado fugando anteriormente. En la maniobra para desviar el vapor y
recogerlo se les escapó a la atmósfera. La emisión de radiactividad fue
significativa en comparación con lo que se emite de gases nobles al
cabo de un año y el fallo de seguridad puede calificarse de grave.
"Las fugas en Ascó-2 demuestran, una vez más, que las centrales
nucleares son peligrosas, tanto por los problemas técnicos que tienen
como por los posibles fallos humanos que se producen. En esta ocasión,
la emisión de radiactividad al exterior no ha sido catastrófica, pero
podría suceder lo contrario en cualquier momento. Por eso, la
permisividad del CSN con las centrales nucleares y sus esfuerzos por
restar importancia a graves errores como el cometido el pasado lunes no
hace sino empeorar la situación", ha declarado Carlos Bravo,
responsable de la campaña de Energía de Greenpeace.
48 sucesos de seguridad en lo que va de año
En los nueve primeros meses del año se han producido 48 sucesos
notificables de seguridad al CSN en las centrales nucleares españolas.
Un número importante de ellos ha provocado paradas forzosas de la
central para corregir las deficiencias detectadas. A pesar de ello, el
lobby nuclear insiste en que el gran beneficio de esta energía sucia es
la supuesta estabilidad que aporta a la red de alta tensión.
La central peor parada es la unidad 2 de la central de Ascó, con
11 sucesos notificables, el último de ellos de particular gravedad. Le
sigue Vandellós-2, con 10 sucesos. Esto pone de relieve el estado de
desatención en el que se encontraba la central nuclear antes del grave
accidente de agosto de 2004, en el sistema de agua de servicios
esenciales, cuyas consecuencias e importancia para la seguridad
mantuvieron ocultas la dirección de la central y el CSN durante meses,
hasta que Greenpeace denunció los hechos en febrero de 2005.
También hay que destacar el suceso ocurrido el pasado 28 de septiembre
en la central de Cofrentes, que viene a sumarse a otros seis ocurrido
este año en la central. En este suceso se produjo una liberación de
radiación al medio ambiente a través de una chimenea del sistema de
tratamiento de gases del condensador y una importante contaminación de
los edificios de turbina y calentadores, que tuvieron que someterse a
un riguroso control de accesos para evitar que resultasen afectados
trabajadores de la central.
Mientras que en las nucleares no paran de ocurrir accidentes, el CSN,
el Gobierno y los responsables políticos permanecen ausentes. En el
2005, en gran medida como consecuencia de la presión mediática que
suscitó el accidente de Vandellós-2, los grupos políticos en el
Congreso prestaron atención al deficiente funcionamiento del CSN,
organismo encargado de velar por la seguridad de las nucleares.
Fruto de esos trabajos, el grupo de IV-IU-ICV planteó una proposición
de ley que se hacía eco de una iniciativa de Greenpeace para reformar
este organismo, mejorar así su eficacia y truncar su lamentable
dependencia de la industria nuclear. El Congreso tomó en consideración
esta propuesta en septiembre de 2005 con el apoyo del Grupo socialista,
pero, inexplicablemente, un año después su tramitación permanece
atascada, sin que se sepa muy bien por qué. Tampoco se han tramitado
las reformas necesarias para endurecer el régimen sancionador de la ley
de energía nuclear y evitar que se repitan escándalos como las 818
infracciones que el CSN ha perdonado en estos últimos años a las
instalaciones, algunas de las cuales podrían haber dado lugar a multas
de hasta 600.000 euros.
Por el contrario, el Gobierno ha incumplido sus compromisos con el
Congreso, tramitando una revisión del Reglamento de Instalaciones
Nucleares y Radiactivas impulsada por el CSN y hecha a la medida de los
intereses de la industria nuclear. Además, la actual presidenta, María
Teresa Estevan Bolea, que tiene que dejar su mandato por cumplir 70
años, acaba de impulsar una reorganización interna del cuerpo de
funcionarios del organismo para que el único criterio de promoción sea
la antigüedad, sin tener en cuenta criterios de mérito, dedicación o
compromiso con el servicio que presta el CSN. A unas semanas del final
de su mandato, todavía no se sabe si será José Ángel Azuara, actual
vicepresidente, quien la relevará, o si, por el contrario, éste saldrá
del CSN junto con la consejera Paloma Sendín, ya que la duración de sus
mandatos terminó a principios de año, pero siguen en el cargo sin haber
sido sustituidos o confirmados.
Greenpeace reitera que es imprescindible y urgente completar la
tramitación de la reforma del CSN y poner al frente del organismo a
alguien que pueda transformarlo en un servicio público eficaz,
riguroso, imparcial, transparente y participativo.
"Aunque cada vez es más urgente reformar el CSN para que sea un
organismo transparente y verdaderamente independiente de la industria
nuclear, el Gobierno y los representantes políticos muestran un total
desinterés por resolver esta situación e incluso ignoran las repetidas
llamadas de atención que realizan los medios de comunicación", añadió
Carlos Bravo.
— Greenpeace