Activistas de Greenpeace escalando la chimenea de una térmica de carbón para pedir más energías renovables y menos CO2.
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Madrid, España —
El Consejo Consultivo de Electricidad, único foro oficial en que los distintos sectores interesados pueden valorar las propuestas energéticas del Gobierno, debatirá el próximo miércoles dos decretos decisivos para la producción y el consumo de energías limpias: los relativos al Régimen Especial y a las tarifas eléctricas. Greenpeace defenderá propuestas para lograr que ambos favorezcan un crecimiento sostenido de las inversiones en energías renovables y el acceso de los consumidores a las mismas.
Greenpeace considera que para lograr que las energías renovables vayan
desplazando a las contaminantes es necesario mantener un sistema
estable y predecible de incentivos que haga más atractivo invertir en
energía limpia que en sucia, y esto sólo se logrará con una adecuada
Ley de Energías Renovables. Por otro lado, hay que permitir a los
consumidores elegir electricidad limpia, para lo que se necesitan con
urgencia unas tarifas que reflejen los costes reales.
“La propuesta del Gobierno sobre el régimen especial discrimina a la
energía eólica respecto a la nuclear, y sus efectos muy positivos para
la energía solar en general no son creíbles, porque esta es la cuarta
vez que se cambia el sistema de apoyo a las renovables y se podrá
volverá a cambiar arbitrariamente mientras no haya una Ley de
Renovables”, ha declarado José Luis García Ortega, representante
de Greenpeace en el Consejo Consultivo de Electricidad. “En cuanto al
decreto de tarifas, los consumidores seguirán condenados a derrochar
energía, engañados por unas tarifas que no dicen la verdad, y sin poder
elegir el origen de la electricidad que compran”.
DECRETO DEL RÉGIMEN ESPECIAL: LAS RENOVABLES, INDEFENSAS
La propuesta del Gobierno es la mejor prueba de la necesidad de una Ley
de Renovables, única forma que garantizar un marco de estabilidad y
confianza para las inversiones en renovables, con objetivos firmes y
ambiciosos y que obliguen a la Administración Pública a su
cumplimiento, y con escenarios predecibles de rentabilidad. Pero el
decreto propuesto por Industria, que sería el cuarto en la historia
española sobre el régimen especial, vuelve a cambiar las reglas del
juego, incluso para inversiones ya realizadas o comprometidas, lo cual
resta credibilidad a todos sus contenidos, tanto los que mejoran como
los que empeoran las condiciones actuales.
La gran perjudicada sería la energía eólica, a la que no sólo se le
reducen las primas a la tercera parte, sino que podría sufrir incluso
“primas negativas”, es decir, que a partir de un cierto nivel de precio
de la energía en el mercado, los eólicos tendrían que devolver dinero,
mientras generadores sucios como los nucleares seguirían ganando cada
vez más. Otros aspectos negativos del decreto son: convierte los
objetivos del Plan de Renovables en “límites” máximos de potencia a
instalar, permite que las centrales térmicas de carbón acaparen los
escasos recursos de biomasa, sigue primando la incineración de
residuos, margina a las instalaciones fotovoltaicas en edificios, no
introduce ningún objetivo para eólica marina y nuevas energías
renovables como la de las olas, las chimeneas solares o los discos
solares parabólicos seguirán fuera de juego.
El aspecto más positivo del decreto es el mejor tratamiento de las
centrales termosolares, que aseguran su rentabilidad y podrán funcionar
en todo momento gracias a la hibridación con biomasa. También se ven
favorecidas las centrales fotovoltaicas y muchas formas de biomasa.
TARIFAS: LOS CONSUMIDORES SEGUIRÁN GASTANDO MÁS Y SIN PODER ELEGIR
La subida propuesta de un 4,6% de media y un 2,8% para los consumidores
domésticos es un claro perjuicio para los consumidores, no porque “les
suba la luz”, que seguirá costando menos del 2% de la economía
familiar, sino porque les impide elegir el origen de la electricidad
que compran (ningún comercializador, que son los que podrían presentar
ofertas de electricidad limpia, puede competir con una tarifa más baja
que el coste de la energía) y porque les hará gastar más (está
demostrado que los precios bajos de la energía provocan mayor gasto
energético).
El sistema propuesto es absurdo e insolidario, ya que obliga a los
consumidores de 2007 a soportar un recargo por el déficit de años
anteriores (es decir, lo que no pagaron los consumidores de esos años)
de 832 millones de euros, y además obligará a los consumidores de los
próximos 15 años a soportar recargos por lo que dejemos de pagar en
2007. De hecho, la propuesta del Gobierno reconoce que la tarifa no
refleja los costes reales, y de entrada genera un déficit de 750
millones de euros sólo en el primer trimestre de 2007.
Lo más frustrante es que la propuesta contiene cambios fundamentales en
la buena dirección, pero que quedan suspendidos en la práctica al no
atreverse el Gobierno siquiera a empezar a acercar las tarifas a los
costes reales. Cuando esto se produzca, se podrán empezar a constatar
los efectos positivos de conceptos incluidos en el decreto, tales como
la posibilidad de optar a tarifas menores si se realizan medidas de
gestión de la demanda, la separación de tarifas domésticas según
niveles de potencia contratada (aunque sería más lógico según niveles
reales de consumo) o la imputación de mayores subidas a los
grandes consumidores de energía (industrias).
Medidas como éstas son las que defiende la Campaña por el derecho a
elegir electricidad limpia, impulsada por Greenpeace, Unión de
Consumidores de España-UCE, Unión Democrática de Pensionistas y
Jubilados de España-UDP, Asociación General de
Consumidores-Confederación ASGECO, Confederación de Consumidores y
Usuarios–CECU y Confederación Española de Consumidores y
Usuarios-HISPACOOP.
Según Greenpeace, si se quiere tratar de evitar que los precios de la
energía suban, no tiene sentido camuflarlos con tarifas engañosas, sino
evitar las causas oficialmente reconocidas: el aumento del coste de los
combustibles (favoreciendo una mayor sustitución por renovables) y el
coste de los derechos de emisión (dejando de regalárselos a las
eléctricas). Para empezar, habría que eliminar costes injustificados
que están en la tarifa propuesta por el Gobierno, como 25 millones de
euros para la central térmica de carbón Elcogas (subvención descarada a
una tecnología ruinosa), 52 millones para la gestión de los residuos
radiactivos (en vez de que los paguen los dueños de las centrales
nucleares), 80 millones de premio por quemar carbón (combustible
contaminante doblemente subvencionado al contar con un impuesto
especial y con el regalo de derechos de emisión).
— Greenpeace