España es uno de los países que posee y fabrica bombas de racimo.
Varias empresas de nuestro país las fabrican, aunque la falta de
transparencia en el comercio español de armamento hace imposible saber
a dónde las venden. Además, el ejército español, según reconoció el
ministerio de Defensa, tiene un arsenal limitado de este tipo de armas.
En concreto, el Ejército del Aire posee los modelos CBU- 100B
(Rockeye), importada de EEUU; la antipista BME-330 y la granada de
mortero MAT-120, ambas de fabricación nacional.
La contradicción de la postura española se demuestra en que la
desactivación de estas peligrosas armas es, precisamente, una de las
tareas que deben asumir los soldados españoles desplegados en misiones
de mantenimiento de la paz.
"Un Gobierno que apuesta por la paz no puede permitir que en España se
fabriquen estas armas y que el propio ejército español las posea. Es
necesaria una legislación que evite que sigan causando víctimas
inocentes. El Gobierno español tiene la oportunidad de demostrar su
compromiso con la paz, prohibiendo la fabricación, venta,
almacenamiento y uso de bombas de racimo en territorio español, y
apoyando de forma clara el proceso impulsado por Noruega para lograr su
prohibición internacional", declaró Juan López de Uralde, director
ejecutivo de Greenpeace España.
Se ha documentado la utilización de bombas de racimo por fuerzas
militares de los países de la OTAN, Estados Unidos o Israel. Desde los
años 60 se han usado en distintos conflictos, como por ejemplo:
Líbano, Irak, Afganistán, Kosovo, Laos o Vietnam. Sólo en el Líbano se
calcula que tras la guerra del pasado verano, quedaron un millón de
submuniciones sin detonar.
Una bomba de racimo está formada por una bomba “contenedor” que puede
ser lanzada desde tierra, mar o aire y que, al abrirse durante la
trayectoria, expulsa cientos de submuniciones que se dispersan por
amplias superficies. En teoría, estallan cuando alcanzan el suelo, pero
esto no siempre es así.
Actúan de forma indiscriminada, no distinguen entre blancos civiles y
militares y, por sus altas tasas de error, siguen causando muertos y
heridos mucho tiempo después de que acabe un conflicto. Afectan sobre
todo a la población civil, que son el 98% de sus víctimas. En especial
los niños, que son atraídos por sus colores y formas llamativas.
“Estas armas no matan sólo durante los conflictos sino mucho tiempo
después, ya que entre el 5% y el 30% de las municiones no estallan y
quedan dispersas sobre el territorio. Después actúan como si fueran
minas antipersonales. Son incluso más peligrosas que éstas, ya que
están diseñadas para matar y no sólo para herir o mutilar, - declaró
Mabel González, responsable de la campaña de Desarme. - ”Un ejemplo
claro es Laos, donde la gente sigue muriendo hoy en día como
consecuencia de las bombas de racimo, y hace más de 30 años que se
terminó la guerra".
En los últimos años se ha avanzado en la prohibición internacional de
ciertos armamentos especialmente peligrosos. El último ejemplo fue el
Tratado de Ottawa, de 1997, que prohibió las minas antipersonales. Las
bombas de racimo deben someterse a un procedimiento similar. En el
último año se han producido ciertos avances en este sentido. En
febrero, Bélgica prohibió la fabricación, venta, uso y almacenamiento
de bombas de racimo en su territorio. Y en noviembre, Noruega anunció
que va a liderar un proceso de negociación internacional encaminado a
lograr un tratado para prohibirlas. La primera reunión tendrá lugar el
próximo mes de febrero.
Greenpeace pide al Gobierno español:
- Prohibir la producción, almacenamiento y uso de bombas de racimo
en territorio español, y las transferencias o ventas al exterior
- Destruir o desmantelar los arsenales de bombas de racimo en poder del ejército español
- Apoyar la adopción de un tratado internacional que prohíba las
bombas de racimo y apoyar los esfuerzos de Noruega y otros países en
esta materia
- Asegurarse de que las tropas de la Unión Europea nunca utilizarán
bombas de racimo en el marco de las operaciones militares en las que
intervengan
Al Parlamento español:
- Apoyo para todas las iniciativas encaminadas a prohibir la producción, almacenamiento, uso y venta de bombas de racimo