El Gobierno español, aunque ha expresado recientemente que no tiene intención de prohibir este tipo de armamento, se ha sumado a última hora al encuentro. Greenpeace espera que participe activamente en este proceso y se sume a quienes apoyan un tratado internacional para prohibir este armamento.
En noviembre de 2006, los Gobiernos parte de la Convención sobre Armas
Convencionales de la ONU (CCW, por sus siglas en inglés) no lograron un
acuerdo para iniciar las negociaciones sobre este tema. Como
consecuencia, el Gobierno noruego anunció que lideraría un proceso
encaminado a lograr un tratado internacional. La Conferencia que hoy
comienza en Oslo es la primera reunión de este proceso. La iniciativa
de Oslo sigue los pasos del proceso de Ottawa, cuando el Gobierno
canadiense lideró un proceso para la prohibición de las minas
antipersonales.
En
los últimos meses, decenas de Gobiernos han expresado formalmente su
apoyo a un tratado, al igual que ha hecho el Comité Internacional de la
Cruz Roja (CICR), numerosas agencias de la ONU y cientos de
organizaciones de todo el mundo agrupadas en la Coalición contra las
Bombas de Racimo. Hay iniciativas parlamentarias en marcha para
prohibir o regular el uso de las bombas de racimo en más de diez
países, incluidos el Reino Unido y EE UU, dos de los países que más las
han utilizado. Austria ha decretado esta misma semana una moratoria que
mantendrá hasta que un instrumento internacional las prohíba.
“Es
urgente lograr un tratado para proteger a los civiles de las bombas de
racimo. Éstas son las armas convencionales más peligrosas para los
civiles, ya que representan un peligro doble: pueden matarte durante un
ataque indiscriminado, o pueden quedar sin explotar en amplios
territorios y actuar como minas antipersonales, matando civiles mucho
después de que el conflicto haya acabado”, explicó Mabel González,
responsable de la campaña de desarme de Greenpeace. “Por eso instamos
al Gobierno español a que apoye activamente este tratado, y a que
prohíba su fabricación, venta, uso o almacenamiento en territorio
español”.
Se estima que más de 75 países tienen bombas de racimo
en sus arsenales, y han sido usadas en al menos 23 países. Más de 30
países las fabrican. España está entre ellos, ya que varias empresas
españolas fabrican este armamento y el ejército español lo tiene en su
arsenal. Los principales productores, especialmente EE UU, Rusia y
China, no asisten al encuentro de Oslo y no apoyan el proceso. “Sin
embargo, puede ir adelante sin ellos, como ocurrió con el tratado sobre
las minas antipersonales, que se logró por la voluntad de un grupo
comprometido de países de tamaño pequeño y medio, que trabajaron mano a
mano con las organizaciones no gubernamentales comprometidas en el
tema”, asegura Mabel González.
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Artículo de Mabel González, responsable de la campaña de Desarme de Greenpeace, publicado en El Correo Digital