La industria cementera ya intentó infructuosamente disfrazar la quema de residuos como ecológica durante la planificación de la estrategia de cambio climático, pero su propuesta fue rechazada con el voto en contra de ecologistas y sindicatos.
La quema de residuos en cementeras conlleva:
- un aumento de la emisión de sustancias tóxicas y peligrosas entre las que se incluyen dioxinas, furanos, hidrocarburos aromáticos policíclicos y metales pesados
- un aumento de la toxicidad de un producto como el cemento, al que estamos expuestos a diario, ya que el proceso de producción se realiza en un ciclo cerrado, es decir, los residuos que se generan se acumulan en el producto final
- el fomento de la generación de residuos, ya que hace más fácil a las empresas deshacerse de ellos en lugar de reducir la producción de desechos y de fomentar su reciclaje
- que los trabajadores de las cementeras se expongan a las sustancias tóxicas que manipulan y que se liberan
El único beneficio real de este proceso es para la industria cementera, que ahorrará en combustible y obtendrá ganancias como “empresa gestora de residuos”.