Madrid, España —
Esta semana ha tenido lugar en Madeira (Portugal) la 61ª reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI). Uno de sus objetivos clave era la modernización de la CBI, y que este organismo pasase de fijar cuotas de caza a realizar una protección y gestión efectiva de las ballenas. La reunión anual de la CBI ha finalizado sin llegar a alcanzar ninguno de sus objetivos.
A esta organización le queda mucho trabajo por hacer. Es reconocido a nivel mundial el efecto de la caza de ballenas. Japón ha cazó 1.004 ballenas el pasado año, bajo su supuesto programa con fines “científicos”. Este programa es una tapadera fraudulenta con la que Japón sigue realizando una caza mayor que la de otros países como Noruega o Islandia que rechazaron firmar la moratoria de la caza de ballenas comercial en 1982.
Pese a todos los puntos negativos de esta reunión, hay que destacar que se ha llegado a una resolución por acuerdo general de todas las partes sobre los impactos que tiene el clima y otros cambios ambientales sobre estos mamíferos marinos. Una ligera modificación de la temperatura de los océanos podría hacer desaparecer a toda una especie, como la ballena azul, el mamífero más grande del mundo.
Otro efecto del incremento de la temperatura del agua es la proliferación de algas tóxicas, parásitos y especies invasoras, lo que se traduce en una mayor mortalidad de peces, crustáceos y otros organismos que sirven de sustento a las ballenas. Que esta organización haya reconocido los impactos del cambio climático sobre ballenas es un pequeño paso para su modernización.
Después de esta cita en Madeira, el futuro de las ballenas sigue pendiente de un hilo. Las supuestas cazas “científicas” de Japón, el cambio climático, la contaminación, la colisión con embarcaciones, las capturas accidentales, la lucha por los recursos, la sobrepesca y la degradación de sus hábitats son las amenazas a las que se enfrentan estos cetáceos.