Badajoz, España —
Greenpeace recaló hoy en Badajoz para denunciar que el tramo pacense del Guadiana es el más afectado del río por contaminación y por ocupación del cauce con vertidos sólidos urbanos. La organización realizó una visita con periodistas a la isla fluvial situada frente al parque de la Alcazaba para mostrar el vertedero ilegal de residuos sólidos urbanos en el que el Ayuntamiento y la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) han permitido que se convierta la isla. Esta visita se enmarca dentro del Descenso del Guadiana que Greenpeace comenzó el pasado 20 de octubre en su nacimiento.
La organización denunció la mala gestión del Ayuntamiento de Badajoz,
que permiten un vertedero ilegal en pleno centro urbano en el que se
pueden encontrar incluso residuos tóxicos y peligrosos y no denuncia a
la Confederación ni por pemitir una extracción de áridos en una ribera
urbana ni las prácticas de dicha gravera (El Meri) que no está
restaurando los terrenos explotados.
La situación en la isla fluvial es completamente ilegal. Las
explotaciones de áridos tienen que dejar una fianza cuando comienzan su
explotación para asegurar la restauración de las zonas explotadas. El
Meri no está cumpliendo con esta obligación, deja profundos huecos en
el terreno y cuando los recupera lo hace con residuos sólidos urbanos,
un auténtico peligro en un cauce urbano. Si en algún momento hay una
riada, arrastraría toneladas escombros y todo tipo de residuos.
El caso de El Meri es el más impactante porque está en plena ciudad,
pero Greenpeace denunció que la Confederación permite la proliferación
de explotaciones de graveras en las riberas. “No tiene sentido que
existan explotaciones mineras y vertederos en medio de la ciudad
arrebatando a los ciudadanos la posibilidad de disfrutar de un entorno
natural privilegiado. El Ayuntamiento tendría que prohibir la entrada
de vehículos a las márgenes del río, sin olvidar la responsabilidad de
la Confederación que está permitiendo la invasión del Dominio Público
Hidráulico”, declaró Julio Barea, responsable de la campaña de Aguas de
Greenpeace.
Greenpeace realizó además analíticas a la salida de los arroyos Rivilla
y Calamón para comprobar los niveles de amonio del agua. El amonio es
un compuesto que indica la contaminación procedente de los vertidos de
aguas fecales. Los resultados demostraron la falta de depuración de
estas aguas que vierten directamente al Guadiana. A pesar de las
abundantes lluvias de los últimos días que han provocado una crecida
importante del río y, por tanto, la dilución de la contaminación, los
niveles de amonio eran de 1 mg/l, el límite máximo permitido. Badajoz
incumple la Directiva europea sobre Depuración de Aguas, que obliga a
depurar todas las aguas fecales de los municipios de más de 2.000
habitantes equivalentes (una población de entre 700 y 1.000 personas).
De hecho, la depuradora que vierte al azud de Badajoz está mal
dimensionada y sus procesos no son adecuados.
Otro de los grandes escándalos que afectan al tramo urbano de Badajoz
es el Plan General Municipal de Ordenación Urbana con el que el
ayuntamiento pretende ocupar parte del Dominio Público Hidráulico. El
ayuntamiento abre así la puerta a la especulación urbanística en
terrenos públicos a costa de la destrucción de riberas y del medio
natural. Destruir las márgenes de un río afecta a la calidad de las
aguas y al poder de regeneración natural del río. Sólo el 2,72% de las
aguas superficiales del Guadiana cumple con los objetivos de la
Directiva Marco del Agua (DMA).
Las aguas de Badajoz sufren un proceso de contaminación que debe
invertirse cumpliendo con las exigencias de la Directiva Marco del
Agua. Esta ley europea, que rige la política de aguas desde 2004,
apuesta por la recuperación de la calidad de las aguas. Hoy la calidad
de las aguas a la salida de Badajoz es muy deficiente y presenta la
peor calidad de todo el curso, una situación que de no corregirse
acabará imposibilitando su uso para cualquier fin (abastecimiento,
riego o industrial). De hecho, hace más de 30 años que se perdió la
playa fluvial de Badajoz, y con ella la tradición pacense de vivir de
cara al río. Los jóvenes no conocen la vida a orillas de un río.