Greenpeace llegó al Ártico a bordo de nuestro rompehielos, el Arctic Sunrise, los primeros días de julio de 2009, con científicos y expertos a bordo para encontrar nuevos y dramáticos datos sobre lo que ocurre en uno de los ambientes más sensibles al cambio climático y a donde nadie había llegado jamás debido a la existencia de grandes bloques de hielo. Hoy es un logro triste, pero pudimos llegar allí.