Unas pocas horas después de llegar a la latitud 82.31º norte, avistamos un oso polar a babor caminando no muy lejos del barco. Como podéis imaginar alguien gritó “un oso polar”, lo que generó un ligero caos. Todos dejamos lo que estábamos haciendo, cogimos las cámaras y corrimos a la cubierta. Mi compañera de camarote, Faye, tiene guardias de doce a cuatro de la madrugada, así que estaba dormida, pero me había dejado encargado que la levantase si veíamos un oso polar. Crucé los dedos y esperé que el oso polar pudiera mantenerse a la vista durante al menos unos pocos minutos mientras yo corría a llamar a Faye.
¡Oso polar!
El primer oso polar que vi en mi vida fue en las costas de Alaska, en el mar de Beaufort, en 1998. He sido afortunada porque he podido ver docenas más de ellos en mis viajes a bordo del Arctic. Nunca me cansaré de verlos en libertad. Para mí son las criaturas más increíbles del planeta. Cuanto más leo sobre ellos, más me impresiona el modo en que han evolucionado desde los osos pardos terrestres a estos mamíferos marinos que viven en el Ártico, el modo en que cazan y viajan o su forma de regular su temperatura basal. Son criaturas asombrosas.
Lo que me dejó perpleja ayer es la elegancia con la que se mueven los osos polares. Tuvimos la suerte de tener este oso de tres años deambulando alrededor de la cornisa de hielo, a tan sólo unos 6 metros de distancia del barco, así que durante media hora nos quedamos todos embobados y tomamos cientos, por no decir miles, de fotos. Seguí sacando fotos al oso mientras caminaba, paraba y se sentaba sobre sus patas traseras, se ponía en cuclillas y olisqueaba el agua. Recogía nieve con la boca mientras seguía dando vueltas y nos mostraba sus dientes. Cada fotografía muestra una criatura elegante; en ninguna de las fotos se aprecia un oso desequilibrado o torpe. Imagina que esto mismo lo hiciera una persona caminando sobre un accidentado mar de hielo: captarías un montón de imágenes de la persona con pose torpe, enderezándose y recuperando el equilibrio.
No soy experta en osos polares pero este oso parecía estar sano y bien alimentado. Contemplé su grasa en el lomo meneándose como gelatina mientras andaba. Los osos conservan el calor con una delgada capa de grasa, y dependen de ella en los periodos en los que no pueden cazar, así que un oso gordo es un oso próspero y saludable. He visto osos delgados con las costillas marcadas y es muy duro.
Una de las razones por las que alcanzamos la latitud 82,31º norte fue para poder permitir a Arne Sorensen, nuestro piloto del hielo, obtener una visión privilegiada del “puente de hielo” que separa el hielo libre del estrecho de Nares del espeso paquete de hielo multianual que forma el puente helado al norte del océano Ártico.
Una vez que el “puente de hielo” se rompa, todo el hielo multianual circulará hacia el sur, hacia el Estrecho de Nares y representará un serio peligro para el barco. Después de que Arne realizara su vuelo de reconocimiento del hielo del puente me llamaron para vestirme rápidamente y hacer un corto viaje para poder ver el mar de hielo.
Fue un verdadero placer. Soy una apasionada del mar helado y del ambiente en el Ártico. Me iría de cabeza a la mínima oportunidad a estas latitudes.
En todo caso, lo que quiero decir es que nunca había visto tantas huellas de oso polar en el mar helado. Había visto huellas de oso polar antes, pero normalmente una serie, y pueden transcurrir días o meses entre cada observación. El mar helado que vi ayer estaba repleto de una red o entramado de huellas de osos polares por los sitios en que habían estado merodeando, hacia el borde del hielo, donde giran y se acercan para comprobar los huecos por donde respiran las focas y los lugares del hielo por donde poder sacarlas arrastrándolas, hacia las cuñas que forma el hielo, y de nuevo el zigzag de las huellas de vuelta al borde de la plataforma. No es sorprendente que pudiera observar docenas de focas durante mi corto vuelo, incluyendo el lugar donde quedaban los restos de una caza exitosa, donde el esqueleto de una foca y su piel eran todo lo que quedaba del almuerzo de un oso polar.
Las focas son el alimento principal de los osos polares. Donde hay focas, hay osos polares. Espero que veamos más osos polares en los próximos tres meses de la expedición. Y si no ocurre, me bastará con la visita matutina de ayer.
Melanie, responsable de la campaña Cambio climático de Greenpeace Internacional, a bordo del Arctic Sunrise.