Otras amenazas importantes a la vida en el Mediterráneo incluyen el calentamiento global y la introducción de especies foráneas tanto de forma intencionada como accidentalmente. El calentamiento global supone un incremento de la temperatura del agua, cambios en la biodiversidad, aumenta la erosión costera y cambios en la salinidad y en las corrientes. El aumento del nivel del mar para el próximo siglo (año 2.100) puede ser entre 30 y 100 cm.
Una variación de la temperatura de entre 0,05y 0,1 ºC en las
profundidades marinas es suficiente para provocar cambios
significativos en la riqueza y la diversidad funcional.
Los
impactos indirectos pueden afectar al turismo debido al aumento de la
temperatura y la demanda de agua desalada puede aumentar por causa de
la sequía, creando zonas localizadas con alta salinidad.
A pesar
de que la región mediterránea será una de las más afectadas por los
impactos del cambio climático, esta zona representa también una parte
importante de la solución. Hay un gran potencial en cuanto a energía
renovable en los países mediterráneos, sobre todo de energía solar, y
la mayoría de este potencial está sin explotar. Si los países
mediterráneos se comprometen a desarrollar su potencial en energías
renovables, los impactos del cambio climático en el mar y en la región
se podrán reducir, además de contribuir a la solución global.
Introducción de especies foráneas
La
introducción de especies foráneas puede tener graves impactos sobre el
ecosistema marino, al competir con las especies autóctonas por la
alimentación y por el espacio, alterando la estructura de las
comunidades y hábitats.
La liberación intencionada de nuevas
especies puede producirse como resultado de las especies utilizadas
tanto en la acuicultura como en los acuarios, posteriormente
extendidas a las zonas próximas. Un ejemplo es la colonización
por parte del alga tropical Caulerpa taxifolia, que se introdujo
desde el acuario de Mónaco y que actualmente ocupa más de 40 millones
de metros cuadrados en toda la costa mediterránea.
La liberación
accidental de una especie se produce a menudo debido a la navegación,
al viajar en las aguas de lastre o pegadas a los cascos de los
buques. La medusa, Mnemiopsis leidyi, fue introducida en el Mar
Negro a través de aguas de lastre y se estima que alcanzó una biomasa
total que excede la descarga total mundial de pescado, agravando los
daños de la sobrepesca y contribuyendo al casi colapso de las
pesquerías en el Mar Negro.