Entre las ciudades de Cuernavaca, México y Toluca se encuentra uno de los bosques más sorprendentes del planeta. Una de las regiones con mayor diversidad biológica del planeta. Este lugar se localiza a pocos minutos del Distrito Federal, como sabemos, una de las zonas urbanas más grandes y pobladas del mundo. Es un bosque que brinda una gran variedad de beneficios, al grado que posibilita la vida no sólo de quienes habitan dentro de él sino también la de quienes viven en los alrededores.
Este bosque, que abarca las sierras de Las Cruces, el Ajusco, el
Chichinautzin, Zempoala y el sistema Cadera, alberga casi 2 por ciento
de la biodiversidad mundial, ayuda a regular el clima y la calidad del
aire de la región, produce alimentos y otros bienes. Además, y esto es
fundamental,
proporciona casi tres cuartas partes del agua que se
consume en la ciudad de México, y el total del agua que se consume en Cuernavaca, además de un porcentaje importante del agua de Toluca. Asimismo, abastece del líquido a dos de los ríos más
importantes del país: el Lerma y el Balsas.
Por todo esto, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la
Biodiversidad (Conabio) declaró parte de esta zona como una de las
regiones terrestres prioritarias para la conservación en México,
dándole el nombre de "Corredor biológico Ajusco-Chichinautzin".
Por su
importancia biológica y por la gran cantidad de agua que nos
proporciona, Greenpeace considera que este bosque es nuestro
Gran
Bosque de Agua.
Desafortunadamente, pese a los enormes beneficios que nos brinda, esta
región se encuentra severamente amenazada y está desapareciendo
rápidamente, al igual que la mayoría de los bosques de nuestro país. De acuerdo con el Instituto de Geografía de la Universidad
Nacional Autónoma de México, cada año se pierden 2,400 hectáreas de
este bosque, lo que equivale a destruir una superficie de 9 campos de
fútbol por día. De seguir a este ritmo, el Gran Bosque de Agua podría
desaparecer en los próximos 50 años, comprometiendo seriamente la
viabilidad de los principales núcleos urbanos del centro del país.
Los esfuerzos por conservar las más de 120 mil hectáreas que conforman
este bosque, que incluye los parques nacionales de La Marquesa, el
Ajusco, el Desierto de los Leones, las Lagunas de Zempoala y el
Tepozteco, entre otras áreas naturales protegidas, no han podido frenar
el incontenible avance de la mancha urbana ni la tala ilegal,
principales causas de su desaparición, aunque también son una grave
amenaza la conversión del bosque en zonas de cultivo y potreros para
ganado, los incendios forestales y la extracción de materiales (como el
suelo) para su venta. Asimismo, la cacería furtiva y la introducción de
especies exóticas ponen en riesgo la biodiversidad de esta región.
Por si todo esto fuera poco, actualmente el Gran Bosque de Agua se encuentra amenazado también por el proyecto carretero denominado
"Lerma-Tres Marías y Ramal Tenango", que amenaza con "partir", literalmente, el lugar, perjudicando la biodiversidad de la zona -al destruir el hábitat de una serie de especies únicas que se encuentran en peligro de extinción, tales como el conejo zacatuche y el gorrión serrano, entre otras muchas-, y todos los beneficios que el Gran Bosque de Agua aporta a la región circundante
La desaparición del Gran Bosque de Agua significaría una pérdida
irreparable no sólo para México sino para el mundo entero. Sin este bosque no sería posible la existencia de las
ciudades de Toluca, Cuernavaca y el Distrito Federal, ya que sin él estas ciudades perderían
su principal fuente de agua, entre otras cosas.
Por todo ello, es urgente tomar medidas para proteger nuestro Gran Bosque de Agua ya que, de lo contrario, todos
sufriremos las consecuencias.
En 2006, activistas de Greenpeace realizaron una expedición por el Bosque de Agua.
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