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Los talamontes operan sin control dentro del Gran Bosque de Agua. 
Greenpeace demanda acciones urgentes para proteger este valioso 
corredor biológico.

Los talamontes operan sin control dentro del Gran Bosque de Agua. Greenpeace demanda acciones urgentes para proteger este valioso corredor biológico.

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El Gran Bosque de Agua se encuentra en peligro. Una de las principales amenazas que enfrenta es la tala ilegal. De acuerdo con el Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México, cada año este bosque pierde 2,400 hectáreas, lo que puede llevar a su total desaparición en los próximos 50 años. La deforestación causada por la tala inmoderada afecta la capacidad de estos bosques para recargar los acuíferos de la zona, incrementa la erosión del suelo y pone en riesgo la riqueza biológica que albergan.

Con distintos grados de afectación, el Gran Bosque de Agua comprende un área de 120,000 hectáreas. Abarca parte del Estado de México, Morelos y el sur del DF. Alberga dos por ciento de la biodiversidad del mundo, brinda tres cuartas partes del agua que se consume en la Ciudad de México y abastece de este líquido a los ríos Lerma y Balsas, en la zona central del país. Estas características están siendo afectadas por una intensa tala ilegal.

De acuerdo con la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), en México se producen cada año 7 millones de metros cúbicos de madera proveniente de la tala clandestina. Esta cifra es casi igual a lo que se produce legalmente: alrededor de 8 millones de m3. De acuerdo con información de la Profepa, existen en el país 15 zonas críticas forestales prioritarias en las que se concentra 60 por ciento de la tala clandestina. Cuatro de estas zonas están dentro del Gran Bosque de Agua y son: el Parque Nacional Lagunas de Zempoala, el Parque Nacional La Marquesa, el Parque Nacional Cumbres del Ajusco y el Área Natural Protegida Cañada de Los Dinamos.
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