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La deforestación impacta el entorno y la calidad de vida de las 
poblaciones.

La deforestación impacta el entorno y la calidad de vida de las poblaciones.

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Buena parte de la diversidad biológica de México se encuentra en manos de campesinos e indígenas, ya que el 80 por ciento de los bosques y las selvas de nuestro país pertenecen a ejidos y comunidades. Actualmente, 10 millones de personas habitan esos ecosistemas. De ellos, al menos 5 millones son indígenas.

Dos terceras partes de la gente que vive en los bosques mexicanos es pobre y depende de los recursos forestales para subsistir. De su entorno obtienen alimento, medicinas, materiales de construcción, combustible y un poco de dinero por la venta de productos comestibles (hongos, por ejemplo) y no maderables como copal y chicle, entre otros. Varias comunidades realizan ese aprovechamiento sin destruir los bosques, pues confieren a éstos un alto valor cultural y espiritual. Más que representar un negocio, en muchas comunidades el aprovechamiento de los bosques es un factor de cohesión y responde a los ritos y costumbres locales.

Es el caso de los mayas, para quienes el árbol de la ceiba es sagrado y representa su mundo, su cosmovisión: las hojas y las ramas son el cielo; el tronco es la tierra y las raíces, el inframundo.

Así, con la desaparición de bosques y selvas no sólo se está perdiendo la enorme diversidad biológica que albergan, este proceso conlleva el deterioro en la calidad de vida de la gente que ahí vive, al grado que se ve forzada a abandonar sus tierras.

En 1995, el Banco Mundial afirmaba que 18 millones de personas vivían en los bosques mexicanos. En 2001, reportó una cifra sustancialmente menor: poco más de 10 millones de habitantes. Es decir, por cada hectárea de bosque deforestado casi dos personas han abandonado sus tierras y han emigrado hacia la ciudad o al extranjero, llevándose un legado cultural milenario.

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