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Es el caso de los mayas, para quienes el árbol de la ceiba es sagrado y representa su mundo, su cosmovisión: las hojas y las ramas son el cielo; el tronco es la tierra y las raíces, el inframundo.
Así, con la desaparición de bosques y selvas no sólo se está perdiendo la enorme diversidad biológica que albergan, este proceso conlleva el deterioro en la calidad de vida de la gente que ahí vive, al grado que se ve forzada a abandonar sus tierras.
En 1995, el Banco Mundial afirmaba que 18 millones de personas vivían en los bosques mexicanos. En 2001, reportó una cifra sustancialmente menor: poco más de 10 millones de habitantes. Es decir, por cada hectárea de bosque deforestado casi dos personas han abandonado sus tierras y han emigrado hacia la ciudad o al extranjero, llevándose un legado cultural milenario.