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Acción de Bosques y selvas contra la deforestación en México

Activistas de Greenpeace reclaman atención a las zonas forestales. Esta acción se realizó en Zempoala, un área natural

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Las matanzas y los funerales sin fin no salvarán a la Amazonia. Yo quiero vivir. Chico Mendes
(Recolector de caucho asesinado en diciembre de 1988 por oponerse a la destrucción de la selva amazónica)

En los últimos años, nombres como los de Rodolfo Montiel, Teodoro Cabrera, Isidro Baldenegro y Wilfrido Álvarez se han hecho tristemente célebres. Ellos, al lado de comuneros de diversas regiones del país, decidieron luchar en defensa de sus bosques. Esta labor loable tuvo una lamentable respuesta: represión, tortura, encarcelamiento y en algunos casos la muerte, sólo por oponerse a quienes sin escrúpulos se dedican a cortar árboles por negocio, aun cuando haciéndolo pongan en riesgo el futuro de sus propios hijos. Rodolfo, Teodoro, Isidro y Wilfrido son los nombres más conocidos, ejemplos lamentables de lo que en México significa defender los bosques.

Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera, sin cometer más delito que impedir la tala desmedida realizada por caciques locales y empresas transnacionales en la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán, en Guerrero, fueron detenidos sin orden judicial el 2 de mayo de 1999 por miembros del ejército mexicano. Después de ser incomunicados y torturados durante cinco días, se declararon culpables de portar armas de uso exclusivo del ejército, cosechar marihuana y estar vinculados al Ejército Popular Revolucionario (EPR). Tras permanecer dos años y medio en prisión, fueron liberados por "razones humanitarias", es decir, no se ha reconocido su inocencia a pesar de que la Comisión Nacional de Derechos Humanos denunció las irregularidades del caso y las violaciones de sus derechos elementales. Es importante señalar que Rodolfo Montiel recibió el Premio Goldman, máximo reconocimiento internacional a la defensa ambiental.

A pesar de este precedente, la historia se está repitiendo ahora en Chihuahua. El 29 de marzo de 2003 la Policía Judicial del Estado detuvo al dirigente tarahumara y miembro del grupo Fuerza Ambiental, Isidro Baldenegro. Acusado de poseer marihuana y armas de uso exclusivo del ejército, el líder indígena se encuentra en la prisión federal de Chihuahua. La organización Amnistía Internacional lo considera un preso de conciencia, ya que fue detenido de modo arbitrario y con pruebas fabricadas.

TANTO QUERÍAS TU BOSQUE...
Tan sólo unos días antes, el 26 de marzo, Wilfrido Álvarez, inspector forestal de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), recibió un balazo en la cabeza cuando se encontraba en los alrededores de Chilpancingo investigando operaciones de tala ilegal en la zona. Para borrar las evidencias, los asesinos colocaron el cuerpo del funcionario dentro de la camioneta en que viajaba y le prendieron fuego. Se tomaron el tiempo de hacer un letrero en el que se leía: "Tanto querías tu bosque, pues quémate con él". La única reacción que el hecho produjo en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) fue otorgarle al ingeniero Álvarez el premio al Mérito Ecológico 2003, de manera póstuma.

Desafortunadamente, estos no son hechos aislados, si acaso son los más conocidos. Se calcula que desde 1991, treinta inspectores forestales han muerto por cuestiones relacionadas con su trabajo y un número mucho mayor ha sufrido golpes y amenazas.

Esta violencia relacionada con la tala clandestina, en muchas ocasiones vinculada con el tráfico ilegal de especies y el narcotráfico, evidencia por qué nuestros bosques y selvas están viviendo una situación de emergencia. Tan sólo en las últimas cinco décadas la superficie forestal se redujo a la mitad, lo cual pone en riesgo la captación de agua, la conservación de la biodiversidad y el equilibrio del clima.

SE DESVANECEN EN UN INSTANTE
Mientras nuestros bosques desaparecen y los pocos que se comprometen para defenderlos son asesinados, torturados o encarcelados, el gobierno no se pone de acuerdo ni siquiera en cual es la dimensión del problema. En 2001, la Semarnat afirmaba que la tasa de deforestación era de 1.2 millones de hectáreas por año. Poco después, esa cifra se redujo a la mitad: 600 mil hectáreas por año. El 1 de diciembre de 2003, durante su informe ante el Congreso de la Unión, Vicente Fox afirmó: "Sembramos más de lo que se deforesta… [ya que] en los últimos tres años hemos regenerado 550 mil hectáreas". Es decir, para el presidente Fox la tasa de deforestación es menor a 200 mil hectáreas por año. Sin embargo, ese mismo mes, la Semarnat dio a conocer el Informe de la situación del medio ambiente en México, 2002, que cada año se pierden 785 mil hectáreas de bosques y selvas.

De acuerdo con este último dato, México pierde a cada minuto una superficie boscosa del tamaño de dos canchas de futbol. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), nuestro país ocupa el quinto lugar entre las mayores tasas de deforestación, sólo superado por Brasil, Indonesia, Sudán y Zambia. De continuar a este paso, nos quedaremos sin bosques en los próximos sesenta años.

Esto entraña graves consecuencias, pues la pérdida del hábitat es la principal causa de extinción de especies, hecho que se agrava en México ya que es uno de los países con mayor diversidad biológica en el mundo, toda vez que alberga diez de cada cien especies conocidas en el planeta. Como ejemplos pueden citarse al jaguar y al oso negro, ambos en peligro de desaparecer por la destrucción de las selvas y bosques donde habitan.

NOS AFECTA A TODOS
Además, al desaparecer nuestros bosques perdemos un elemento indispensable para la vida: el agua. Del líquido que utilizamos diariamente, dos terceras partes son captadas en las zonas boscosas. La desaparición de esos ecosistemas no sólo agrava la escasez de este vital recurso sino que propicia la erosión del suelo por efecto del viento y la lluvia, lo que provoca deslaves de tierra e inundaciones.

Sin duda, los más afectados por la deforestación son las personas que viven en bosques y selvas. En su mayoría son pobres y dependen de los recursos forestales para subsistir. Al desaparecer las zonas boscosas, la gente que vive en ellas tiene dos opciones: emigrar o defender su entorno.

Por ello, no es difícil entender por qué la gente se arriesga y decide enfrentar los intereses de unos pocos depredadores, aún a costa de su libertad, su integridad física o su propia vida.

Mientras el gobierno federal no tome en serio el problema de la deforestación en nuestro país y establezca políticas públicas congruentes en este sector, seguirán habiendo asesinatos y ataques contra quienes deciden afrontar este problema con la urgencia y el compromiso que se requiere.

Si nuestro gobierno en verdad quiere resolver el problema de la deforestación, debe dejar de comprar madera ilegal y establecer una política de compras ambiental y socialmente responsable. En lugar de gastar millones de pesos en productos forestales obtenidos en forma ilícita y destructiva, debería invertir ese dinero en comprar madera de comunidades que hacen un buen manejo de sus bosques. Sólo apoyando al campo, y en especial a estas comunidades, se salvarán nuestros bosques y selvas.

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