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Angélica Aragón, una artista consciente, una consumidora responsable.

Angélica Aragón, una artista consciente, una consumidora responsable.

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Las decisiones más sencillas, las que tomamos todos los días, definen cómo se aprovecha o se perturba la naturaleza. Son decisiones simples, relacionadas con lo que comemos, la manera como nos transportamos, cómo compramos, cómo producimos y tiramos la basura, cómo utilizamos el agua, la energía eléctrica, en qué invertimos nuestro esfuerzo, dinero y confianza. Esas mínimas decisiones, sumadas a las de millones de personas, son fundamentales.

Nuestro dinero es una herramienta: cada peso que gastamos es parte de las inversiones millonarias que determinan cómo se hacen negocios, qué productos y servicios se ofrecen, incluso qué trato reciben los trabajadores. Cada uno de nuestros pesos es parte de la fuerza económica que mueve al país y al mundo.

A nosotros nos toca decidir si nuestro dinero apoya formas de producción sana, social y ambientalmente responsables o si apoyamos a quienes contaminan, engañan y abusan de su poder económico.

Unidos, los consumidores podemos decidir el rumbo del mercado.

El reto que enfrentamos como ciudadanos es aprender a comprar de acuerdo a nuestros valores. Nos toca preguntar, demandar, exigir, para que cada vez más empresas se comprometan a producir bienes y servicios que sean respetuosos del medio ambiente, de los trabajadores y de la diversidad de las culturas de México.

Te invitamos a ser un consumidor responsable, a organizarte con otros ciudadanos y a participar en las campañas de consumo responsable, ambientalmente sustentable y socialmente justo que Greenpeace y otras organizaciones impulsan.

¿Cómo es un consumidor responsable?

Un consumidor responsable:
- regula su consumo a partir de valores humanos,
- realiza sus compras de manera consciente (se pregunta de dónde viene y en dónde terminará lo que compra),
- es equilibrado: se complace pero al mismo tiempo sabe autolimitarse,
- busca, al satisfacer sus propias necesidades, ser solidario con los productores;
- intenta que su consumo ayude a preservar los recursos naturales para el disfrute de las siguientes generaciones,
- se da cuenta de que comprar es un acto político con sentido humano.

El consumidor responsable como aquí lo describimos es un sueño que siempre está en construcción. Es cierto que en el mundo actual es extremadamente difícil ser un consumidor responsable. Pero no es imposible.

Millones de personas en el mundo lo están intentando, están reflexionando sobre su consumo y tomando acciones. Desde sus hogares, sus centros de trabajo, estas personas están contribuyendo a que este planeta sea un mejor lugar. No aparecen en los medios de comunicación, pero son los héroes anónimos de nuestro tiempo. Con su participación pequeña y cotidiana ya han logrado victorias importantísimas.

Tú también actúa: empieza poco a poco, haz lo que puedas, intenta pequeños cambios en tus hábitos y verás cómo, lentamente, todo empieza a cambiar.

Si no lo logras al principio, no te desanimes. Sigue adelante. Toda aportación es importante.

Para empezar, puedes hacer un test para conocer el impacto ambiental que produces en el planeta.