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Activistas de Greenpeace se presentaron en el Monumento a la 
Revolución para encender un letrero con la leyenda "(R)evolución 
Energética", iluminado con electricidad producida con el pedaleo de 
una bicicleta

Activistas de Greenpeace se presentaron en el Monumento a la Revolución para encender un letrero con la leyenda "(R)evolución Energética", iluminado con electricidad producida con el pedaleo de una bicicleta

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Algunas fuentes de energía son menos sucias en términos de emisión de gases de efecto invernadero, pero eso no significa que entren en la categoría de renovables

Algunas fuentes de energía son menos sucias en términos de emisión de gases de efecto invernadero, pero eso no significa que entren en la categoría de renovables. Es el caso de las grandes presas hidroeléctricas, el gas y la energía nuclear.

Las grandes presas dañan regiones agrícolas, alteran ecosistemas, destruyen su patrimonio cultural y desplazan comunidades. Estas comunidades casi nunca reciben una remuneración por los daños ocasionados por la electricidad producida en el sitio. Las presas son también una fuente de emisión de gases de efecto invernadero, pues los depósitos y la construcción emiten toneladas de metano.

Por otra parte, el gas se ha considerado un combustible de transición, debido a que es el menos sucio de los combustibles fósiles. Si bien es cierto que no emite tanto CO2 como el carbón y el petróleo, su creciente uso lo ha convertido en un obstáculo para las energías renovables.

México tiene un negro historial en almacenamiento de diversos tipos de combustibles con dramáticos episodios entre los cuales destacan la explosión de 1984 en San Juan Ixhuatepec, Estado de México, que mató a 650 personas e hirió a otras 2 mil 500; el accidente en el mismo sitio, en 1996, con un saldo de cuatro personas muertas y mil heridos; la explosión del centro procesador de gas natural más grande del país en Cactus, Chiapas, también en 1996, que mató a seis personas y lesionó a treinta.

Aunque la energía nuclear no produce los gases que contribuyen al cambio climático global, los desechos radioactivos y los accidentes en plantas nucleares han cancelado esta forma de energía como alternativa a los combustibles fósiles.

La radioactividad liberada en la catástrofe de Chernobyl (abril de 1986) fue 200 veces mayor que la desprendida conjuntamente por las bombas atómicas lanzadas en 1945 sobre Hiroshima y Nagasaki.

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