Los arsenales atómicos y la proliferación nuclear siguen siendo una de las mayores amenazas para la supervivencia de la humanidad. El uso de la energía nuclear es la otra cara de la moneda de la carrera armamentista. El transporte, el almacenamiento y la simple existencia de concentraciones de los residuos radiactivos implican riesgos potencialmente catastróficos para la vida humana y el ambiente.
Energía nuclear. De la guerra a la electricidad
La energía nuclear nació con un fin claro: su uso militar. Cuando
Albert Einstein desarrolló su famosa relación entre masa y energía
sabía que este avance en el conocimiento de la física podía ser muy
peligroso. Y así fue. Los episodios de Hiroshima y Nagasaki dan prueba
de ello.
El Proyecto Manhattan para la fabricación de la bomba atómica permitió
el desarrollo tecnológico de los reactores nucleares, que al término de
la II Guerra Mundial fueron utilizados para la generación de
electricidad.
Estados Unidos, país que lanzó la bomba atómica, se convirtió en el más
entusiasta publicista del uso de la energía nuclear para generar
electricidad. Con su programa “Átomos para la paz” se dio a la tarea de
difundir por el mundo la tecnología que había desarrollado para la
guerra.
En 1957, la Organización de las Naciones Unidas creó la Agencia
Internacional de Energía Atómica, la principal promotora de la
industria nuclear con “fines pacíficos”.
Un año después, un informe de la propia ONU difundió los supuestos
beneficios de la generación eléctrica mediante reactores nucleares. El
principal argumento que mencionado en ese momento fue el reducido costo
económico de producir este tipo de electricidad, algo que el tiempo ha
demostrado que es una falacia.
Los promotores del uso de la energía nuclear para la generación de
electricidad minimizan los riesgos. Poco hablan sobre posibles
accidentes y sobre la carencia de una opción para almacenaje de los
desechos radiactivos que produce este tipo de energía.
El programa “Átomos para la Paz” ofreció becas a estudiantes de todo el
mundo, en especial de países en desarrollo. Estos estudiantes
regresaron a sus naciones a desarrollar la energía nuclear y a
participar en la creación de centrales nucleoeléctricas.
La campaña de promoción de la energía nuclear para generar electricidad
tuvo resultado. En 1960 se contabilizan 12 centrales nucleares
funcionando en el mundo. El tiempo ha derribado varios de los
argumentos que defienden la generación de electricidad con energía
nuclear. Además, se ha comprobado que gracias a la adquisición y
desarrollo de reactores nucleares para programas de investigación o de
producción de electricidad, diversos países logaron obtener material
para fabricar armamento atómico. Resaltan los casos de China, India,
Pakistán e Israel.
Por otra parte, accidentes como el de Chernobyl, ocurrido en 1986, han
sido una muestra cruel de que no se trata de una energía segura.
Mientras que el problema de los desechos radiactivos es bastante
preocupante ya que no existe ninguna manera en que puedan ser
eliminados, gobiernos y compañías se dedican a buscar “lugares
adecuados” para confinarlos.
Más información:
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Documento: La amenaza nuclear, el caso de México.